El "treadmaster", nada barato pero casi eterno: el que cambié tenía casi 30 años, no se despegaba, y seguía dando siendo un seguro de vida, tanto en seco como en mojado, a pesar de la escora. Lo cambié solamente porque los succesivos cambios de maniobra a lo largo de la vida del barco lo habían dejado con mas agujeros que un queso suizo.
El trabajo resultó ser más difícil de lo previsto, y también más largo, por culpa también del famoso "ya que estamos": ya que estamos pinto la bañera, ya que estamos arreglo la otra cara, la del techo...etc...
Tanto trabajo da mucha sed...
