Respuesta: Tres puertos base en un año
¡Vale! El sábado, de buena mañana, mi hermano y yo fuimos a buscar a Luis para ir a Santander y convertirme en patrón-armador "de facto" y tener mi primera experiencia en la mar.
Llegamos a Santander, y el anterior dueño nos está ya esperando. Saco todas las viandas del coche y empezamos a prepararlo todo. Luis verifica que el palo está bien, miramos la sentina (bien sequita) revisamos la emisora y ... uuups, parece que hay un problemilla. Bueno, el dueño le pega un par de patadas y parece encender. A Luis le parece que está todo correcto y ...
¡Hale!, ¡a la mar, que nos queda una gran travesía!.
Luis, avezado marino, curtido en mil batallas, que ha cruzado 7 veces el Atlántico (varias de ellas en solitario) al sentarse en la bañera dice
- ¡Ostras! ¡Qué cerca está la mar! ¿no? ¡Si te echa la mano, te lleva! -
Francamente, no se qué pensar. La perplejidad de mi cara es tan evidente que Luis me dice
- ¡tranquilo hombre!, es que no estoy acostumbrado a ir en barcos tan pequeños, tan cerca del agua, pero el barco está de maravilla. Verás que travesía tan buena hacemos -
Arranco el motor (a la primera). Un fuera borda Honda de 8cv. Ronronea mientras lo dejamos que entre en calor. Bien, me pongo a la caña, Luis suelta amarras, meto atrás, y Estrella comienza a deslizarse suavemente. La maniobra no reviste ninguna complicación, pero ¡es mi primera vez!. Como tenemos que repostar, vamos a la gasolinera a llenar el depósito y unas garrafas de reserva, en principio suficientes para toda la travesía. Salimos de la marina de Santander y nos dirigimos por la bahía.
Al ser sábado y había regata. ¡Qué gustazo! ir gobernando mi propio barco, rodeado de fieros regatistas que me miraban con ojos ensangrentados. Bueno, yo a lo mío, ¡taca taca taca!, el fueraborda de Honda sonaba redondo. Todo iba como la seda. Recorro la bahía fijándome en todas las marcas, recordando el RIPA. Todo es nuevo y excitante para mi.
Cuando enfilamos la salida de la bahía, llega el momento de izar las velas. Empezamos nuestro primer bordo. Apago el motor y el barco navega visiblemente escorado, pero con una muy buena sensación. incluso alguna ola parece querer subirse al barco para hacernos compañía ¡Estaba disfrutando de lo lindo!
A lo lejos veo una mancha blanca que se hace más y más grande. Es el Ferry. Sigo navegando a vela mientras me cruzo con el monstruo ¡qué impresión! ¡qué grande es! Al ponernos a su lado, pese a la más que considerable distancia, el viento cayó repentinamente hasta dejarnos completamente parados. Resulta increíble la "sombra" que proyecta ese barco en el viento. Pensando que estábamos lejos de él y, sin embargo, nos dejó completamente desventados.
Poco después de pasar, recibimos de nuevo la caricia del viento y pudimos continuar navegando.
Unas dos horas después de abandonar la bahía, estábamos más cerca de Bilbao que de Gijón, así que hicimos nuestro primer bordo. Virada por avante, ¡qué gozada! Continuamos con una ceñida más intensa, con el barco más escorado e incluso con algún leve roción.
Así navegando. preparé algo de comer ... Bueno, preparé un plato de jamón loncheado con pan ya que. dentro, y haciendo alguna actividad de concentración manual, ..., me mareo.
La conversación con Luis es muy agradable. Es un tío muy majo y en todo momento me deja gobernar el barco, dándome instrucciones precisas, explicándome cómo trimar las velas, cómo ir sintiendo el viento y la mar en la caña. Es genial poder contar con alguien así para hacer la travesía.
Poco a poco, la luz se fue desvaneciendo hasta que nos envolvió la noche. ¡Qué gozada navegar de noche! Hace frío, pero me da igual. Es precioso ver las luces de la costa, solo escuchando el rumor de la mar y el ruido del viento. Siento algo muy especial al ver los faros. Luces compañeras que nos dicen que ahí, a unas pocas millas, alguien mira por nosotros. Dan compañía.
La orden de Luis ha sido que, durante la noche, haremos guardias de 1,5 horas. Luis hará la primera guardia, yo me voy a dormir.
Me cuesta dormir ya que estoy excitado por la emoción. Además, la falta de costumbre y el movimiento del barco me lo impiden. Finalmente consigo dormirme y sueño con la mar.
Tras mi leve sueño, salgo para cumplir mi guardia. Luis se va a dormir. Tomo la caña, y me dedico a mantener el rumbo mientras permanezco atento a todo a mi alrededor. Estamos cruzando toda la costa de Cantabria. Observo los faros, tratando de identificarlos.
En un momento dado, veo una luz por el rabillo del ojo. Miro, pero no veo nada. ¡qué extraño! Miro todo a mi alrededor, incluso hago unos ligeros cambios de rumbo en previsión de que el génova me esté tapando algo, pero no. No veo nada.
Sigo navegando, pero, de vez en cuando sigo con la impresión de ver alguna luz. ¿Son las luces de la costa reflejadas en el agua? ¡no! ¿qué es?
continua ...
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