12 de Junio
Habíamos decidido iniciar el retorno. Nano tiene que hacer una serie de tareas y yo tengo que estar de regreso al “infienno” el sábado. Así es que pagamos nuestra pernocta (nada que ver con Garrucha) y salíamos navegando a eso de las 09:30.
Pensábamos fondear de nuevo en Genoveses, pero más adelante vimos que, debido a la falta de viento, llegaríamos demasiado tarde. Por el camino nos entretuvimos en hacer una fideuá con el resto de los gambones y un poco de cebolla, bien rehogadita con una guindilla, por aquello de darle saborcito. No quedó mal.
Navegábamos (como no) a motor. Los curris paseándose tranquilamente. La singladura resultaba cómoda, dado que las pocas olas que había nos atacaban por la aleta y maese Henry las negociaba con toda satisfacción. Como, además, el Kacao es un barco enormemente estable, comimos tranquilamente mientras avanzábamos a unos 6 nudos. Lo único a destacar fue el avistamiento de una buena panda de calderones que pasaron a menos de 50 metros por estribor. Por lo demás nada de nada.
Eran las 17:00 y, visto lo visto, decidimos intentar quedarnos fondeados en la playa de los Muertos. Así lo hicimos, pero el mar nos llegaba por proa y la noche no se presentaba demasiado tranquila. Hay que tener en cuenta que existe una corriente que te deja la popa orientada al SSE y las olas atacarían de flanco durante la noche. Total que bañito magnífico, levantar fondeo y rumbo a Carboneras, que nos quedaba a unas tres millas.
Carboneras es un puerto que no nos cae bien ni a Nano ni a mí.

El motivo es que lo vemos “triste” y, ainda mais, o te abarloas a un pesquero o te amarras a la gasolinera (si está libre) con lo cual no resulta nada cómodo. No obstante nos dirigimos hacia él.
Enfilamos la gasolinera (sabíamos que cierra a las 20:00) y vemos una semi-rígida que está repostando. Nos quedamos al pairo en pleno puerto y notábamos que la “goma” se entretenía tal vez un poco “demasiado”. Nos dimos cuenta que eran las 19:50 y supusimos que el gasolinero, al vernos a la espera, le pediría a los “repostantes” que se entretuvieran un poco para poder cerrar y salir de naja.
Efectivamente. A las 20:01 la semi-rígida arranca motor y deja el espacio libre. Nos aproximamos. El gasolinero había salido tan deprisa que hasta se había dejado los surtidores encendidos.

Hay que decir en su defensa que el pueblo estaba en fiestas y que los cohetes nos estuvieron amenizando hasta bastante tarde. Lo curioso del caso es que él no quería echar gasoil… pero nosotros tampoco.
El caso es que pasamos allí la noche (como he dicho amenizados por los cohetes

) muy tranquilos. Una cena ligera, para compensar la fideuá, charla corta y a dormir. El muelle de la gasolina debe quedar libre antes de las 08:00.
Mañana la conclusión.