... Continuamos
La travesía hasta Candás había sido tranquila. El vídeo que hizo mi colega había quedado "planchao" (ya lo puse en un hilo, pero lo recupero aquí)
http://vimeo.com/77289681
Además, pudimos hacer aún un par de salidas con buen tiempo, y nada de viento.
Pero, entonces, llegaron los temporales. Empezó como quien no quiere la cosa. Una alerta, olas de 4 metros, fuertes vientos. Bueno, es ovio, no se puede salir.
Incluso, un día intente salir cometiendo un error de apreciación. Salida que hube de abortar en aras de la seguridad. Para ese momento ya me había dado cuenta (o me imaginaba) que Candás era un puerto duro. Muy duro.
Pese a haber amarrado el barco lo mejor que sabía, un día, decidió romper una amarra, rascando la proa hasta que un alma caritativa me lo amarró y me avisó. Los daños no fueron especialmente graves, pero me vi obligado a cambiar todas las amarras y, gracias a uno de los trabajadores del club, aprender a amarrar como si me fuese la vida en ello (de hecho, me iba el barco en ello)
Empezó una temporada completamente inverosímil para mi. La mar, mi amiga, se mostró todo lo fiera que puede llegar a ser. Un temporal tras otro. Ir al barco cada dos días. Cambiar amarras. Recibir la solidaridad y el compañerismo de la gente del puerto. Todos ellos encantadores. De hecho, yo aún tengo barco gracias a los trabajadores del club. Durante todo ese tiempo, me miraron el barco, me cambiaron amarras y me avisaron ante cada uno de los posibles contratiempos. Desde aquí mi eterno agradecimiento a todos y cada uno de ellos.
Pasó Noviembre, Diciembre, Enero. Temporal tras temporal. A cual más fuerte. A cual peor. Finales de enero fue terrible con sus mareas vivas. Pero, cuando ya no parecía poder ir a peor, llegó el 1 de febrero. Se juntó un temporal de mar con olas de más de 9 metros (se llegaron a registrar olas de 22 metros) con una marea brutal. La costa (no solo la Asturiana, los sé, fue toda la costa cantábrica y la costa atlántica) sufrió los azotes durante la pleamar. Pero a nosotros nos esperaba la bajamar durante la noche. Un puerto con poco calado, un una marea baja tan fuerte y con un temporal tan duro se conjugaron para mostrarme de lo que es capaz. Esa noche, 17 barcos desaparecieron (esa fue la primera noticia, finalmente fueron 19). La mar se los llevo y los hizo trizas. De muchos de ellos, solo se encontraron trocitos. Se llevó pantalanes, fingers, ... Indescriptible.
Al día siguiente me llamaron, diciéndome que mi barco aún resistía. Estrella es fuerte - pensé - Cuando llegué al puerto, la escena era dantesca. El agua llena de restos, la gente mirando el puerto desde el perímetro que había cerrado la policía. Se contaban historias de cómo algunos vieron cómo la mar se llevaba su barco sin poder hacer nada. ¡Qué tristeza!
La policía me dejo acercarme al barco, para ver cómo estaba. Estaba todo bien, y las amarras aún resistían. ¡De esta nos libramos!
Pero el invierno aún nos reservaba más. Tras este temporal vino otro. Y otro. Un día me pidieron que fuese a cambiar el barco de sitio ya que iban a hacer desaparecer más de la mitad de los pantalanes, por encontrarse dañados.
Fui a intentar cambiarlo y tuve que abortar la misión. La corriente era brutal. Era tan fuerte que el barco, estando amarrado al pantalán, se escoraba hasta 10 grados. - Si soltamos amarras, me tenéis que ir a busca a Bilbao - dije a la gente del puerto - La presión sobre las amarras era brutal. No podía hacer nada más que esperar al día siguiente, a ver si la cosa estaba más calmada.
Así fue. Al día siguiente, pude cambiar de sitio el barco hacia uno que estaba libre. Bueno, a ver si llega la calma. Y la calma parecía haber llegado, pero me llaman un día para decirme que el propietario del sitio quería bajar su barco. Bueno, no hay tu tía, me tengo que ir. Hablé con el dueño y le pedí unos días para organizarme. Este, muy amable, me los concedió.
Esto solo hizo acelerar una decisión que ya tenía prácticamente tomada. Candás no es para mi. No soy lo bastante hombre. Mi idilio con la mar estaba en sus momentos más bajos. Con lo guapa que se pone cuando se enfada, ¡qué poder destructivo! ¡qué falta de corazón! ¡qué despiadada! ... ¡y qué guapa!
Me puse a buscar opciones, y encontré la más lógica. Mi próximo puerto sería Avilés. Está cerca, está dragado y es tranquilo. Sucio, sí, pero seguro. Aún así, el invierno aún me tenía una sorpresa guardada. Me llaman un domingo para decirme
- Chus, viene otro temporal y se junta con otra marea viva. Los viejos lobos de mar, se están yendo a Gijón -
Dicho y hecho, ni me lo pensé. Me fui al puerto, donde había mucho revuelo. Se estaban organizando convoys para ir a Gijón. Era el momento. Lo preparé todo, solté amarras y, acompañado de otros cuatro barcos, me fui a Gijón. Me fui de Candas para no volver.
La decisión, aún ahora, me entristece. Me hacía mucha ilusión tener el barco en Candás, pero hay que saber retirarse a tiempo. Yo, por lo menos, aún tengo barco. Además, acababa de pagar 350 euros por hacerme socio del club, para nada ... Bueno, ¡es lo que hay!
Llegué a Gijón, donde dejé amarrado el barco en una lámina de agua que se me antojaba inamovible. Después de pasar el invierno en un lugar en el que, en el mejor de los días, te cuesta mantenerte en pie en el barco, aún amarrado al pantalán, la tranquilidad de Gijón me parecía el paraíso.
Esa noche, después de un invierno de preocupaciones, me fui a casa, y vi la tele tranquilo. Pasé la tarde/noche con la familia sin sentir la necesidad de salir corriendo al puerto y sin miedo a oír el teléfono. Esa noche dormí a a pierna suelta.
Continúa ...