Esas son las antiguas y sagradas leyes de la mar: ayudar al náufrago, hoy por tí y mañana por mí. Ni cayuco ni patera ni subsaharianos ni magrebíes ni gaitas: náufragos. Seres humanos en peligro inminente de muerte.
Y los hombres de la mar, cruceristas y pescadores, han hecho lo que deberíamos hacer todos y lo que desde luego yo haría sin dudarlo si me encuentro en el mar con una embarcación con varios cadáveres y el resto de los tripulantes en las últimas.
Asistir, ayudar. Al menos disparar la radiobaliza y lanzar mayday por radio y por lo que tengas, facilitar agua y alimentos, embarcar a los débiles, menores y mujeres mientras llegan barcos más grandes y capaces de auxiliar a todos.
Pescadores y cruceristas a 370 millas a SSW de la isla de Hierro (casi ná: en medio de ninguna parte, en el quinto pino, con las Canarias a barlovento...): enhorabuena: me quito la gorra de marinero y os rindo homenaje: ole vuestros cojones.
