Bueno, pues ya llegamos a Santander después de un mes por la costa cantábrica y 2 semanas recorriendo la bahía de Arcachón. Han sido casi 600 millas náuticas. Toda la vuelta ha sido con vientos contrarios pero manejables, y una navegación nocturna por las Landas pasada por agua y atravesando varias tormentas con aparato eléctrico, y con la visita sorpresa de la aviación del ejército francés.
En el balance, la placidez de los recuerdos de una navegación y unos sitios preciosos, al alcance de unos días de vela, la sensación de seguridad en el barco a pesar de su reducido tamaño, y la convicción de que con prudencia y disponiendo de tiempo para la planificación de la meteorología, con un barco pequeño se puede ir a cualquier sitio. Incluso a paraisos donde un barco grande no puede llegar, sencillamente porque no cabe.
¡Hasta la próxima!.
