Como no podría ser de otra forma, con la llegada del verano intensificamos las salidas a navegar, los tiempos estivales son propicios para que los amigos se acerquen por Valencia para que les pasee por las Baleares y les enseñe los bellos rincones de las islas, sabedores de lo poco que me cuesta soltar amarras rumbo a cualquier lugar.
La última salida está siendo bien provechosa porque mis amigos han venido más con ganas de hacer millas que de tostarse bajo el tórrido sol balear y me han propuesto visitar todas las islas, cosa que me encanta porque hacía unos cuantos años que no tocaba la isla de Menorca.
La propuesta es navegar hasta Ibiza para evitar largas singladuras a las chicas, menos acostumbradas a la navegación de altura, así que salimos de valencia rumbo a Portinatx a última hora de la tarde, justo cuando el Garbí se convierte en una brisa insuficiente para navegar solo a vela, así que a quemar gasoil. La navegación nocturna, placentera, sin excesivo tráfico de mercantes hasta primeras horas de la mañana, poco antes del amanecer que parece todos se han puesto de acuerdo para confluir en nuestras inmediaciones, pero como siempre bajo la atenta mirada del AIS todos controlados.
Recalamos en Portinatx, no demasiado saturado en las postrimerías del mes de junio, pasamos el día entre baños y paseo por los chiringuitos de la cala y como los ánimos están arriba entre mis amigos, por la noche se decide continuar hacia Mallorca, magnífica ocasión para ganar tiempo y millas a las vacaciones, pero si me gustan las travesías nocturnas, no tanto cuando se montan tormentas eléctricas como las que hemos tenido durante la travesía hacia Andratx, aunque me tranquilizo cuando todo el aparato eléctrico es entre nubes y no se han producido ninguna descarga al mar.
Despuntando el día arribamos al puerto de Andratx y como no estamos por la labor de pagar amarre, nos limitamos a fondear en el antepuerto, ya que dentro de la dársena ya hace tiempo han prohibido largar el ancla, una buena dormida de un par de horas, volvemos a llenar el tanque de gasoil en previsión de nuevas motoradas y a media mañana ponemos proa hacia Sóller a cuya dársena arribamos en las primeras horas de la tarde. En este tramo de la costa de la Tramonta el Bahía las Islas ha rebasado la marca de las 50.000 millas, hito que celebraremos a la llegada.

50.000 millas en la popa del Bahía las Islas, todo un record
Tampoco hay excesivos barcos en Sóller, pero el tenedero es bastante malo y hemos de cambiar de lugar un par de veces.
He encontrado bastantes cambios en la zona portuaria, desde la última vez que pasé por estos lares, todo más diáfano, más ordenadito y más restaurantes para atractivo del turista.
Al día siguiente salimos a medio día con la meta puesta en la cala San Vicente, cerca de Formentor, previo paso por S’Calobra para que mis amigos vean ese para je natural, turísticamente aprovechado, pero como es la hora de comer, se me ocurre acercarnos a cala Tuent y me ha parecido un acierto prque el lugar me parece extraordinario, sin barcos y con un buen fondo de arena, a cubiero de la marejadilla que viene del norte.

La bahía de Sóller

S'Calobra
Sin dilatar excesivamente la estancia nos dirigimos a S’Calobra, pero como casi todo cada vez más restringido, no se puede desembarcar con el dingui en la playira del desfiladero, no hacemos ni amago de fondeo y continuamos rumbo norte sin poder detener el motor. A las 20h entramos en Cala San Vicente, pero enseguida me percato que el viento del nornoroeste está provocando una mar relativamente considerable, lo suficiente como para un incómodo fondeo, así que no me lo pienso dos veces y anuncio que continuamos a buscar refugio dentro de la bahía de Pollensa, todos deacuerdo así que todavía llegaremos con luz a cala Murta, que conozco desde que pasé por aquí hace unos años.
Al otro lado del cabo, las altas paredes provocan fuertes rachas y remolinos que nos hace recoger el foque ante los continuos roles y en pocos minutos accedemos a las recogidas calas de Gossalba y Murta, pero ambas están ocupadas por un par de veleros cada una, no lo veo claro por los continuos roles así que se seguimos hacia el fondo de la bahía de Pollensa ya con la idea de entrar en la cala de Formentor con noche cerrada y coger una boya, una cena y a dormir a pierna suelta porque ya solo nos quedan poco más de treinta millas para el día siguiente y saldremos al amanecer.
Nos las prometíamos felices con una navegación en popa, pero las previsiones eran más optimistas que el viento real que hemos tenido, así que más de media travesía a motor.
Entramos en Ciudadela y amarramos en el club náutico, menudo palo, 106€ por noche, no estamos para otra opción, así que a pasar por vicaría y aflojar la mosca. Junto a nosotros atraca el Solixent, un precioso velero del cofrade Juburgi, al que acompañan el también tabernario Clapton y Jesús, hemos cambiado impresiones de barco a barco y nos han informado de cómo andan las calas por el sur. Al atardecer paseo por esta entrañable ciudad que aún vive la resaca de las fiestas de San Joan, cena de postín, una copichuela y a la cama.

El bello puerto de Ciudadela
Objetivo cumplido ya estamos en la afectuosa Menorca que nos ha recibido con un tiempo espléndido, aunque la entrada de viento del sur nos va a incomodar un poco nuestra estancia por las calas del sur de la isla. Dejamos la bulliciosa Ciudadela, motor y vela hasta cala Son Saura, las medusas hacen su aparición y a las chicas les da repelús sumergirse en las cristalinas aguas. Desde un velero holandés, de chárter, reconocen a Rufino, y las bromas a bordo no se hacen esperar, está claro que el peludo es famoso allá donde vaya el Bahía las Islas.
Tenemos intención de pasar la noche en cala Macarella y allí nos dirigimos, no encontramos más que media docena de veleros y alguna motora que sabemos no pasarán la noche. Sin dificultades para encontrar un hueco largamos el ancla aunque poco después nos recolocamos tras la marcha de uno de los veleros. Como siempre el lugar encantador y mis amigos me proponen quedarnos dos días, por mí ningún inconveniente, me siento a gusto, incluso excursión pedestre hasta cala Galdana por el tramo de sendero que recorre todo el sur de la isla.

Cala Macarella y Macarelleta, el Bahía en primer termino a la derecha

Cala Galdana
En la mañana del segundo día hemos de salir escopeteados por la incómoda ola que entra del sur al parar la brisa, que ha hecho que el barco se atraviese y nos dé unos bandazos de escándalo, nos vamos a desayunar a cala Galdana, un poco más protegida de la mar del sureste, más tarde visita a cala Emporter y cala Coves donde fondeamos a disfrutar del paisaje que un día hizo furor en la comunidad hipi de la isla y de paso darnos un buen baño libres de las odiosas medusas. La última singladura ya hasta el puerto de Mahón en cuyo Club Marítimo hacemos escala y donde los precios no son lo descabellado de Ciudadela.
Hemos llegado a zenit del crucerito y desde la capital menorquina iniciaremos el regreso que ya relataré en otra entrada