Al volver de Barcelona un amigo me comentaba que nunca había visto más moros por las Ramblas . Se creía ,seguía diciendo, estar paseando por el Boulevard Pasteur de Tánger.
(apartado para los susceptibles y radicales : utilizo la palabra moro sin ningún matiz peyorativo. Como ya hablamos en otro hilo, moro es el habitante de una determinada zona del norte de África : el Magreb - Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez o Libia - y punto)
Yo le respondía que no; que hubo otras fechas en las que había muchísimos más.
- ¿qué fecha?
- En el siglo XIV y XV.
- ¡uyy! eso es muy antiguo.
- Pero exacto.
Al recordar esta conversación me ha dado pie a escribir esta referencia en la que no voy a hablar de un pirata en concreto (porque hubo centenares) sino de unos reyes que favorecieron y animaron enormemente estos latrocinios marítimos.
Para ponernos a tono os diré que en el Mediterráneo ,en esas fechas, el saqueo y la depredación por la mar estaba de moda.
Cualquiera que tuviera posibilidades navales no le hacía ascos hacerse con la mercancía de otros barcos inferiores con los que se cruzase y lo más importante era hacerse con los tripulantes y viajeros que automáticamente se convertían en esclavos.
Se habían dado cuenta que la venta o el canje de estos desgraciados era un gran negocio.
Me estoy situando durante el reinado de Pedro IV al que le pusieron el mote de
el Ceremonioso, que era bajito y cascarrabias pero muy dado a las letras y la trova.
Lo que realmente quería era la expansión de sus tierras por el Mediterráneo y reintegrar a la corona aragonesa los territorios perdidos por sucesivas particiones sucesorias.
Para ello necesitaba a los piratas a los que proveyó de un reciente invento: la patente de corso con la que los piratas que sirvieran a los intereses del reino para así este materializar intereses y alianzas políticas, tendrían por contrapartida la legalización de sus abusos.
Primero fomentó las persecuciones berberiscas por lo que Barcelona de llenó de esclavos moros que desembarcaban en masa tras las razias piráticas y bajo la montaña de Montjuïc se excavaron enormes cuevas con salas donde los clasificaban por razas, por genero, por edad, por estar en cinta etc... para su posterior distribución para toda Europa y aprovechando estas excepcionales instalaciones ,una intensa corriente de esclavos también venía de tierras eslavas y caucásicas pasando por Francia donde muchos varones, en Verdún, eran castrados porque los eunucos iban a mejor precio.
En esas cuevas se podían escuchar los más diversos idiomas porque lo mismo había bosnios, búlgaros, griegos, caucasianos, tártaros, circasianos o rusos; cualquiera que no fuese católico valía aunque los que más predominaban eran los moros.
Los esclavos que no se podían canjear, es decir los no valían un pimiento, se subastaban en el mercado que estaba situado junto al Castillo Vizcondal, donde ahora está la plaza del Ángel y los propios piratas llevaban los lotes, una vez pagadas las tasas que gravaban al esclavo que se iba a sacar de Cataluña, reexpedidos hasta su triste destino.
No había ninguna familia con posibles que no tuviera una cuerda de moros a su servicio porque en Barcelona en el siglo XV el 10% de la población era esclava, generalmente nombrada con el apellido de Déu/de Dios o Deulofeu/Dioslohizo y el nombre de su amo.
Tan buen dinero dio este mercadeo de carne humana que financió las expediciones de expansión de este rey hasta que le indispuso con el rey de castilla Pedro el Cruel y se desencadenó la guerra de los Dos Pedros (1356-69) que fue una guerra civil castellana mezclada con la Guerra de los Cien Años entre ingleses y franceses , pero esto es otra historia ...
Total que por unas cosas o por otras, la bandera de las cuatro barras rojas horizontales sobre fondo amarillo era temida en la costa mediterránea y ya ondeaban en las Baleares, el Rosellón, la Cerdeña para contento de los piratas que tenían muchos más puertos desde los que operar.
Navegar en el Mediterráneo sin tener alianzas era una temeridad y más cuando entró en escena Alfonso V llamado
el Magnánimo que apenas residió en Aragón, ya que sólo pasó allí 13 años de los 42 años de su reinado porque le gustaba más los asuntos mediterráneos, por la herencia de su padre, que los peninsulares así que al cabo del tiempo ya tenía bajo sus dominios Sicilia, Córcega y Cerdeña; pero seguía con su matraca mediterránea porque su obsesión seguía siendo conquistar Nápoles.
En sus largas ausencias mandaba su esposa doña María y su hijo Juan , el futuro Juan II que expedía, por orden del Magnánimo que odiaba a los genoveses y franceses que se oponían a sus delirios expansivos marítimos , patentes de corso como churros a los piratas catalanes, valencianos y baleáricos.
Cualquier barco que hubiese sido abordado podía pedir la Patente para resarcirse debidamente. Y bien que lo hacía.
Como consecuencia los piratas infestaban las aguas. Por ejemplo una historia cuenta de una nave catalana que había saqueado la nave de otro catalán que previamente se había apropiado del botín de un barco genovés que había repelido el ataque de otro pirata castellano que también había intentado abordar la nave catalana. Como se ve todo un lío.
Pero lo cierto es que cualquier barco que enarbolase la bandera cuatribarrada ,sin tener que rendir cuentas a nadie, podía atacar para robarle la mercancía material y humana a cualquier barco genovés o francés y tranquilamente venderlos en los mercados donde alcanzaban buenos precios que hacía correr el dinero en la franja costera de Barcelona y Valencia así como las tierras bajo el control aragonés donde aún podemos ver algunas grandes construcciones civiles de la época.
No todo eran rosas porque la zona interior no podía pagar los fuertes impuestos que se había establecido para pagar la continua guerra naval que la expansión necesitaba ,por lo que se produjeron levantamientos campesinos que fueron duramente reprimidos.
Pero los piratas no tenían problemas para pagarlos y así Guillem de Castellnou, que anexionó la costa alicantina a la corona de Aragón, Conrad de Llançà, que se dedicó al bereber, Roger de Llúria, tormento de los barcos de Anjou cuando iban a pasar el estrecho, Galceran Marquet, Bernat de Vilamarí, Romeu de Corbera ... y tantos otros que tuvieron las costas mediterráneas a su merced.
La cosa cambió con el cambio de época porque en el 1500 los Reyes Católicos (pocos saben que antes de ser reyes de Aragón ya lo eran de Sicilia) decidieron, para poder controlar ese caos marítimo, prohibir las acciones de corso de sus vasallos.
Craso error.
Las costas ibéricas quedaron desprotegidas de los piratas berberiscos y se cambiaron las tornas.
La vida en las costas cambió radicalmente pues todo el mundo estaba más pendiente de la mar por si aparecía alguna vela que de otra cosa.
De ahí viene la expresión que hoy tantas veces utilizamos de
no hay moros en la costa para dar a entender de que no existe peligro en hacer una determinada tarea.
Hasta otra referencia
PS. Si os interesa explorar esta época y sois aficionados a los libros os aconsejo una lectura esencial:
Prométeme que serás libre de Jorge Molist
En principio podrá imponer con sus 600 páginas , pero esta epopeya de la búsqueda de la libertad de su personaje que se desarrolla en este tiempo histórico, perfectamente detallado, se lee en un vuelo. Incluso tiene su continuación : Tiempo de cenizas .