28/06
Hoy la diana motorizada es a las 07:00.

Me sorprende, pero no me despierta, ya que de ello se encarga el sol en cuanto asoma, lo que en estas latitudes y fechas sucede a eso de las 06:30. Veo la salida del barco desde el ojo de buey del camarote y vuelvo al pulguero, a disfrutar de ese maravilloso duerme-vela hasta la hora del desayuno.
Navegamos con destino a la isla de Kórcula, pero no a Lumbarda, sino a su capital, es decir, Kórcula. Resultó ser una ciudad preciosa, amurallada, enclavada en una península muy pequeña con un encanto fantástico.
Durante la travesía, además de disfrutar viendo varias islas verdes y tranquilas, nos detuvimos antes de comer para poder darnos un buen baño. Tras la comida continuamos la navegación, atracando en nuestro destino a eso de las 16:30. Había visita guiada y, para no perder la costumbre, mi almiranta se apuntó mientras yo daba mi paseo por el puerto y, un poco, por la ciudad.
A las 18:30 me viene a buscar y, acompañados por la guía, hacemos un recorrido por la afueras para poder contemplar una vista excelente de la península ciudadana desde varios puntos. A la puesta de sol llegamos a una zona muy bonita, al borde del mar, para tomar unas fotos del atardecer.
Los franceses habían visto un restaurante próximo al puerto donde estaban asando a la brasa un cordero. Nos proponen ir a cenar allí. Pedimos el cordero y nos encontramos con una oveja partida a trozos.

Moraleja: si has comido cordero en España, ni se te ocurra pedirlo en Croacia.
Un pequeño paseo, con helados incluidos (buenísimos) nos dejaron prestos para dirigirnos al barco a disfrutar de nuestros camarotes.
Mañana regresamos a Dubrovnic.