Una buena pifia de la que por suerte solo fui observador y no protagonista.
Cuando tenía 17-18 años, fui de invitado con unos amigos en una neumática y un fueraborda de 30 cv de arranque manual. El plan era ir a una cala, comer, pasar unas horas y volver. A la vuelta, el motor no arrancaba

y uno de los amigos no tiene mejor idea que acercarse al que a tirones intentaba arrancar el motor con tan mala sombra que al tirar, le dio un señor puñetazo en el ojo al otro. Al llegar, todo el mundo se creía que nos habíamos peleado.
