Otras cervecitas por nuestra cuenta.
Unas fotos del camino:
Nos gustan los reflejos de las luces en el agua. Por la noche, cuando todo está relajado, los sonidos de las jarcias se mezclan con el tintineo de las luces de los puertos reflejadas en el agua.
La sensación es similar a la noche de castilla, en el campo, con el cielo lleno de luces y el blanco de la Vía se reparte allá lejos...
Saliendo del puerto de Mataró.
Estas boyas resultan pesadas. En este tramo y el siguiente hay cantidad.
Nunca sabes si el peligro está en la boya o se extiende hasta su compañera.
Suelen ir por pares, roja y negra.
Al principio evitábamos pasar en medio, pero al final sólo intentábamos no aproximarnos mucho.
No es un peligro a desdeñar.
En el viaje de vuelta, con un viento como el que suele ponerse en estas tierras, se oía por radio solicitar ayuda al patrón de un barco que se había quedado enganchado en una red a la entrada de Palamós.
No quiero ni pensar el trago que pasaría alguien viendo su barco enganchado en una red, con mala mar y viento al que Salvamar tranquilizaba, con su llegada en media hora y aconsejando no intentar bajar a desengancharse.
Quien sepa como actuar para no engancharse le agradecería que lo comentara.
A medida que subimos el paisaje de costa se hace más agreste.
Las olas también.
Da gusto ver a otros congéneres. Este venia a toda maquina.
