Como dice Ventarón... de los abusos vienen estas cosas.
Hace muchos años en Santa Eulalia te dejaban amarrar cerca de la gasolinera para ir a comprar pan y tomates.
Unos años más tarde seguían dejando amarrar pero obligaban al patrón a quedarse. Como me extrañó pregunté porqué. Me respondieron que algún caradura se iba a tierra y volvía cocido a las tantas de la noche, y muchos se iban a comer. Resultado, cuando alguien tenía que parar por motivo justificado los lugares al efecto estaban ocupados. Me quedé allí mientras mis tripus compraban.
Hace pocos años, tras dormir en Santa Eulalia, me pidieron que abandonara el amarre pues lo tenían ocupado y el barco estaba llegando. Como esperaba tripulantes que venían en avión, pedí quedarme en algún rincón sin abandonar el barco. No me dejaron. Me explicaron que habían tenido que llegar a estos extremos hartos de que la gente les dejara el barco "un rato" y se escapara literalmente para aparecer y largarse sin dar las gracias.
Me cabreé. Con ellos y con nosotros los navegantes que tirando de la cuerda la hemos roto.
Cuando viví en Alemania me sorprendió mucho lo fácil que es la vida cuando puedes contar con que la gente cumplirá las normas y respetará al otro. A veces desearía que aquí las cosas fueran un poquito como allí.
Si no se estira tanto de la cuerda uno no se encuentra con que se ha roto

