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Predeterminado Re: Relato de una tormenta perfecta

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Originalmente publicado por ignius Ver mensaje
Hola Omis.

Te tomo la palabra. Creo que puede aportar que cada uno ponga sus relatos y en la medida de lo posible, como se apaño. Siempre que tengan que ver con el hilo.

Yo precisamente, la primera vez que me comi una castaña, y de las buenas, fue en el Mediterraneo, en el año 99 y fue con un ketch de 56 pies haciendo travesía entre Stintino y Santa Teresa Gallura, o sea, en el estrecho de Bonifacio.

La previsión eran vientos de fuerza 4 a 6 del cuarto cuadrante, lo que en principio no era una barbaridad para el barco en el que estaba (y que por cierto no patroneaba yo, iba de marinero). La cosa es que dimos mayor con un rizo, mesana completa y todo el genova por la mañana. Soplaba una ligera brisa muy agradable, mar plato. Como ya llevábamos una buena tirada desde Almeria y varias semanas embarcados yo ayude en toda la maniobra de desatraque e izada y me baje a dormir un rato más a mi camarote, en popa.
Estaba profundamente dormido cuando me desperté en ingravidez total y más cerca del techo del camarote que de la colchoneta, lo que vi inmediatamente a traves de la escotilla fue una masa de color negro de agua con su cresta blanca rompiente que venia a romper precisamente allí, y así lo hizo. Subí lo más rápidamente de que fui capaz a la bañera y cuando vi el panorama me quede horrorizado por completo. Un escalofrío de los malos recorrió mi cuerpo en su totalidad. Las caras por allí no eran buenas y aunque no vi ningún traje de agua, ni arnés (aunque prefiero omitir ese tipo de detalles aquí por motivos que no vienen al caso) las cosas no pintaban nada bien. El Mediterraneo amable y de un azul casi caribeño que habiamos disfrutado era otro, de un color negro oscuro con unas olas de entre 3 y 4 metros y rompientes. Los senos entre olas eran agujeros que daban pavor.

Fue la primera vez que me vino a la cabeza la típica frase "¿Que coño hago yo aquí?" con el PER recién sacadito y no demasiada experiencia.

Lo peor del asunto, es que estabamos en zona desconocida, íbamos a un fondeadero impracticable (que jamás llegamos si quiera a ver con prismáticos), la cosa iba a más y encima el embudo que forma el Estrecho de Bonifacio, hacia de eso, de embudo, haciendo subir más y más la mar y el viento.

Una de las cosas que más me llamaron la atención de todo, es que en mi ratito de sueño y al ver que las cosas se ponían feas, en lugar de cargar la mesana y tomar otro rizo a la mayor, para hacer correr el barco como un sloop, con su consiguiente equilibrio en el genova, se hizo lo contrario. Y no solo es así, sino que se largo el rizo que se había tomado a la mayor, por lo que íbamos a todo trapo, a toda leche y desbocados.

Entre las cosas que aprendí ese día, que no fueron pocas, una me llamó mucho la atención, es que con los barcos con gobierno hidraulico no sientes absolutamente nada y correr con exceso de trapo, con mar formada por la aleta es un suicidio, pues que el barco se atraviese y tomar por la lúa es cuestión de tiempo (y poco).

Comprobando desgraciadamente que algunos patines de la mayor se habían atascado y otros se habían salido, en la mesana pasaba exactamente lo mismo, por lo que en esas condicciones se hacia muy peligroso aproarse y andar por cubierta haciendo la cabra, por muy 16 metros que tuviese el barco. Otra cosa que aprendí ese día, es que no hay barco grande. Aquello se movía como un corcho. El juego de velas era nuevo de hacía unos días y aunque había funcionado bien no se había probado en condicciones duras, por eso pasó lo que pasó, que estábamos condenados a seguir y confiar en yo no se qué, pero con todo el trapo, no había manera de cargar las velas.

No existiendo la maravilla del navionics, max sea, openCP, o no llevandolos a bordo también aprendí ese día, lo tremendamente dificil que es orientarse, tomar una marcación, mirar por los prismáticos y orientarse con una carta en la mano, pues apenas tienes unos instantes para divisar la costa entre ola y ola.

Sabiamos que existia la posibilidad de entrar en el buen y gran abrigo que supone Santa Teresa Gallura al Norte de Cerdeña, lo malo es que adivinar su entrada, sin conocerla entre acantilados era imposible, y ver las balizas verde y roja correspondientes menos aún, sin riesgo de acercarnos demasiado a la costa, donde una equivocación nos hubiese atrapado allí sin remedio sin la posibilidad de una trasluchada voluntaria que hubiese provocado daños casi con toda seguridad.

Durante todo este tiempo, el piloto automático luchaba por nosotros con más o menos éxito cada vez que una ola nos lanzaba hacia adelante con unas aceleraciones de vértigo, pero nos dejaba ligeramente cruzados a la mar y bastante orzados por efecto de la mesana. Todos escuchábamos su característico pitidito cuando esta trabajando a saco y el barco nos llevaba otra vez a dar el trasero a la mar por los pelos salvo en un par de ocasiones que metimos borda y algo más en el agua. Otra cosa que aprendí ese día es que hay que amarrarlo todo, sobretodo en la cocina y las televisiones esas de lampara que había antes, sobretodo si es una de 50 pulgadas.

Fue entonces, en ultima instancia, cuando vino la Providencia a echarnos una mano. De entre las rocas, salió un Ferry, como si saliese literalmente de entre ellas o de una base secreta de submarinos. Era el único barco que vimos ese día navegando a parte del nuestro. El Ferry de Cerdeña a Corcega y que salía directamente de donde nosotros queríamos ir, indicándonos así el camino. Ni que decir tiene que iba dando unos pantocazos de película, pero esos Ferrys según pudimos saber luego, están acostumbrados a hacer este trayecto y hasta F9 o F10 suelen hacerlo.

Afortunadamente lo vimos por nuestra amura de estribor con el tiempo suficiente para ir arribando grado a grado y poniendo la proa, más o menos, hacia ese punto de la isla.

Una vez en la radio, que me toco a mi, claro, trate de explicar a los marineros nuestra situación en mi italiano macarroni que tenía entonces a ver si podían echarnos una mano, pues el atraque no iba a ser sencillo.

Comentar que pasamos entre la verde y un acantilado como pudimos, sin saber nunca a cuanto estuvimos de tocar, pero fué lo mejor que pudimos hacer en aquella circunstancia, quedando la verde y la roja bastante a nuestro través. Lo que está claro, es que en aquella circunstancia ya no mandábamos nosotros, y yo menos aún.

Afortunadamente ya dentro del canal y hasta llegar al puerto deportivo había la suficiente distancia para poder intentar cargar velas, y decir que me resulto curioso ver una playa llena de gente disfrutando mientras nosotros lo habíamos pasado tan mal con tan pocos metros de distancia.

Decir que los marineros italianos salieron con dos neumáticas bastante grandes para ayudarnos a atracar, muy profesionales y atentos, aunque lo primero que nos dijeron era mas o menos que "¿De donde coño salíamos? Nos ayudaron mucho, o todo, mejor dicho. El genova se pudo enrollar bien, la mayor la pude bajar por lo menos a mitad de palo usando el bichero como cargadera y la mesana bajo a duras penas pero tampoco completamente. La mayor tenia un roto importante.

Mas cosas aprendidas ese dia:

Que donde hay patrón no manda marinero.
Que si ademas de patrón es el armador, paga el.
Que si llevas todas las velas nuevas, más te vale irlas probando poco a poco antes de tener que encontrarte con semejante percal. Lo nuevo necesita ajustes y mejoras y no se monta y ya esta.
Que aunque sea verano o haga bueno, no se puede tener los trajes de agua, las botas y el arnés en el último armario del barco.
Que las fuerzas que genera un bicho de 56 pies no hay que subestimarlas, te puedes hacer daño muy fácilmente y si una vela que ha subido no se puede bajar estas muy jodido.
Que hay que arranchar todo y ponerlo a son de mar, ya sea un 56 pies un 40 o un megayate de 80 metros.
Que si estas en las proximidades de un cabo o un estrecho, ponle 2 puntos más a la escala Beaufourt sobre la previsión dada y a la Douglas también.
Que es mejor rizar a tiempo.
Que hay que ir calzado, la sangre mancha muchísimo.
Que el barco aguanta mucho más que nosotros.
Que si la noche anterior te has quedado participando en la rueda de los navegantes por BLU y te han dicho que mejor no salgas, mejor no salgas.

Desconozco realmente que fuerza de viento llegamos a tener, pues el equipo de viento no marcaba bien, pero teniendo en cuenta que íbamos corriendo y no capeando le sumo nuestro avance y pudimos tener 45 nudos de real sin problema.

Pues nada, he hay un relato Mediterraneo.

Perdonad el ladrillo, pero contar las cosas es lo que tiene.

Saludos.


Se me han acabado los agradecimientos, así que muchas Iñaki por tu relato.. De verdad que se aprende mucho de estas experiencias. Tomo nota de tus consejos.
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La única Ley verdadera es aquella que conduce a la libertad. R.Bach (Juan Salvador Gaviota)

Podemos juzgar el corazon de una persona por la forma en que trata a los animales. Immanuel Kant.
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ignius (28-08-2014)