Ayer sábado a las siete y media de la tarde amarramos en el Real Club Náutico de Valencia, tras recorrer 430 millas de la última etapa, desde Carloforte, en sur de Cerdeña, hasta la capital levantina.
Ahora una semanita de relax por tierras norteñas para saborear con los amigos y familia el bagaje que hemos echado a ese pozo sin fondo que es la experiencia náutica, antes de acometer la próxima singladura, que el verano aún no ha finalizado y no hay que dejar que el Bahía cree caracolillo en su casco. Así además tendré tiempo de relatar los acontecimientos de la segunda parte del crucero, en el que Oscar y yo nos quedamos solos.
Hasta pronto
Salud
