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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El BAHIA LAS ISLAS en su vuelta por el mundo

Ya conté que en Elba nos despedimos de la flotilla, unos partían de regreso a Cataluña, otros continuaban hacia Roma y Nápoles y nosotros a la espera del desembarco de nuestra tripulación femenina nos mantuvimos todavía unos días por la zona de Elva, aprovechando el momento para reunirme con mi buen amigo Jorge, el cofrade Inquieto en la taberna, que casualmente ha pasado este año con su familia las vacaciones estivales en la Toscana.
Después de varios mails de concreción encuentro emotivo en Piombino, hacía siete años que no nos veíamos, episodios como estos afianzan una gran amistad por encima del tiempo y la distancia de dos continentes. Unas horas que compartimos añoranzas y una paellita improvisada a bordo.

Continuamos nuestro periplo, ahora cruzar de nuevo el Tirreno hacia el Oeste para navegar hasta la costa noroeste de Córcega, que en estas latitudes son apenas cincuenta millas, nada una plácida noche de navegación, luego un par de días por las calas corsas entramos en Bastia, peleándonos con un día ventoso con puntas por encima de los cuarenta nudos, aunque cerca de costa la mar lisa. Bastia, otra ciudad con historia de guerras napoleónicas, nos sorprendió muy gratamente, su arquitectura, su gastronomía, su ambiente vacacional y su viejo puerto donde afortunadamente conseguimos amarre, después de medio pelearnos con un barco ruso, aunque no hizo falta sacar la artillería

Nuestras compañeras de viaje, Hortensia y Mª Eugenia, tomaron puntualmente su vuelo y ya solos trazamos planes para los quince días próximos; la isla de Giglio uno de los puntos de interés del viaje, tendría que dejarse de lado para otra ocasión, pr motivos de agenda, así que el próximo objetivo iba a ser la isla de Ponza a unas doscientas millas, pasando de largo las de Pianosa y Montecristo, ambas parques naturales donde ni siquiera permiten la navegación a menos de una milla de la costa y de las que solo vimos su silueta en la negrura de la noche.
Día y medio de travesía en la que fue necesario echar mano del motor unas cuantas horas, tampoco demasiadas. Recalamos primero a darnos un baño en el abrupto islote de Palmarola, cuyo fondeadero principal ya empezaba a darnos una idea de lo que íbamos a encontrarnos cinco millas más allá, algunos veleros pero sobre todo enjambres de motoras y gomonas de alquiler, como llaman los italianos a las neumáticas, pululando por todos lados, fondeando a cuatro palmos de tu barco y Rufino ladrándoles sin parar, marcando territorio, ¡cómo se gana sus bolitas diarias!, somos un equipo.

Tras la comida y ni siquiera pudimos echar una siesta tranquilos, así que proa a Ponza. Lo que imaginábamos, fondear cerca de puerto toda una aventura de precisión para echar el ancla entre dos o tres barcos, pero el nuevo fondeo y su maniobra a distancia facilita bastante las cosas. Eso sí, nadie protesta porque te pongas o se te pongan más o menos próximos, el personal saca sus defensas y tan pichis,
El pueblo de Ponza con su preciosista puerto, una pocholada de coloristas fachadas sin demasiadas estridencias, mucho comercio turístico y muuuucha gente. Al día siguiente nos disponemos a recorrer la isla, que es la mitad de Formentera, fondear en un par de calas, bañarnos en sus cristalinas aguas, pero ohhh, sorpresa, ya desde primerísimas horas todo petado, largar el ancla en zona más o menos guapa misión imposible, pues ala, a fondear bien lejos, en doce o quince metros y a la media hora ¡zás! rodeado de cuatro gomonas, se acabó la intimidad, encima a calentar la cabeza, que las italianas están de muy buen ver con sus minúsculos bikinis, pero como decía el chiste, cuando a caracoles, a caracoles, jajaja, Nosotros a lo nuestro, navegar, que en mar abierto no nos calienta nadie la cabeza, ni nos molestan sus músicas y menos los cantos de sirena.

Aprovechamos las noches para navegar, como venimos haciéndolo, es una buena forma de ahorrar tiempo en desplazamientos. Nos turnamos cada dos o tres horas en las guardias, sin horarios prefijados, cuando el que duerme se despierta sale a relevar, son cálidas y agradables las noches que estamos teniendo. El AIS nos señala todos los barcos grandes, pero a los pequeños hay que vigilarlos, de todas formas por las noches estos italianos no se desplazan demasiado y apenos nos hemos cruzado con un par de veleros en unas cuantas noches. Próxima etapa el golfo de Nápoles otras cien millas, por estribor la también mítica isla de Ischia, si es que el Tirreno está sembrado de islas e islotes que nos llevaría todo un verano recorrerlos todos, no importa, habrá tiempo.
Largamos el ancla en Nápoles, presidido por la esbelta figura del Vesubio, en un buen lugar cerca del castillo del Ovo, en plena zona antigua de la capital napolitana, Oscar tenía interés en recorrer la ciudad, no así yo, que la conocí hace unos años y salvo el museo arqueológico no encontré demasiados alicientes diferentes a otra gran ciudad, Una pequeña vueltecilla con Rufino, a que les mee un poco las calles y vuelta al barco, que mientras se espera siempre hay algo que hacer.

No ha llegado la hora acordada cuando Oscar ya estaba silbando desde el muelle y Rufino avisando de la presencia de mi amigo, demasiado calor y poco interesante que ver, ha reconocido mi amigo. Apenas nos demoramos en levantar velas para cruzar toda la bahía napolitana, unas catorce millas. Recordamos que estas mismas aguas las cruzó casi dos mil años atrás el almirante y escritor, Plinio el Viejo, al frente de una numerosa escuadra romana, intentando rescatar a los infelices pobladores de Pompeya, Herculano y Stabia, durante la erupción del Vesubio del año 79 y en cuya gesta perdería la vida, junto a varios miles de personas. Nos emociona pensar en aquellos momentos trágicos lo que tuvo que ser esta bahía que ahora navegamos apaciblemente.

Con las últimas sombras de la tarde largamos el ancla junto al puerto de Castellammare di Stabia, donde casualmente nos encontraríamos con el Lainoa y el Capicúa dos de los barcos integrantes de la flotilla, Con Joseba, Juan y Rossi, con ellos compartimos unas cervezas y las últimas navegaciones, nos vino bien por la información aportada para visitar las ruinas de Pompeya, que desde ese lugar, en un tren de cercanías te deja en unos minutos a las puertas de las excavaciones de Pompeya.

Continuara… mañana salud


Que bello es navegar


El puerto de la isla de Ponza


Una de sus calas


El placer del baño en aguas cristalinas


No se puede negar el origen volcánico de los impresionantes acantilados en la isla de Palmarola, junto a Ponza


Aprovechando cualquier brisa portante para izar spi
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Las navegaciones del Bahia de las Islas en el canal Youtube bahialasislas1
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Editado por kaia en 01-09-2014 a las 21:30.
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