¡Qué tremendo disgusto!
Este verano, al preguntarle cómo estaba, me dijo que luchaba, pero que no intervenía en la taberna para no hacernos pesar su problema. ¡Como si no nos importase!
Intuyo cómo os sentís la familia. Mañana hará dos meses de que mi padre se nos fuera de repente y sin avisar. Es duro. Sobrellevadlo como podáis.
Ahora ambos estarán mejor que nosotros, surcando otros mares sin fin.
Si necesitáis un hombro para llorar, yo tengo dos. Contad conmigo para lo que os haga falta.
Un abrazo
