Con inmenso respeto
En tercero o cuarto año de la secundaria te empezaban a llover invitaciones en cartulinas blancas con letras doradas:
¡Llegábamos a los cumpleaños¡
Ocho o diez años después, comenzaron los casorios. Luego llegaron los cumples de los hijos, de los amigos de los hijos, de los hijos de los amigos.
Después todo se volvió más tranquilo el de los nietos en saloncitos, de 5 a 7 y media de la tarde y adiós.
Hasta que alguien invento el cumpleaños del numero redondo, festejar 70. ¡Y estuvo genial! ¡Sí, señor!! Es casi, casi la Fiesta de la Nostalgia.
Y de pronto nos invitaron a una, justamente cuando hacía mucho tiempo que no teníamos una salida formal, y había que ir bien empingorotados.
La modista arregló vestidos , ensanchó trajes y pantalones.
Llegado el día, nos fuimos al encuentro de los compañeros de una generación pujante y vital!
Llegamos, saludamos a José el homenajeado y cuando sirvieron en unas bandejas los platos calientes que se comían de pie, comenzaron los problemas.
Raviolitos y ñoquis al ajillo.
Mollejitas fritas con salsa cuatro quesos.
Camarones en salsa provenzal.
Todo bien servido a los 200 comensales que, apretaditos y de pie durante la recepción, sosteníamos un plato caliente con una mano, el tenedor con la otra, el vaso de whisky con la otra, saludábamos a un amigo con la otra y un leve pero persistente temblequeo de párkinson en todas las manos a la vez...
El desparramo de salsas fue inevitable... me mancharon el traje 3 veces, una con salsa roja, la otra con aroma a ajillo y otra con una crema espesa.
Y, por fin pasamos al salón principal. La conversación en la mesa se fue poniendo guapa…. Todas las frases comenzaban con:
"¿Te acuerdas de...? ¿Tú estabas el día que...?",
"El que no está bien es...",
"¿Sabes quien tuvo otro nieto...?",
"Sabes quién se murió…?".
Cuando alguien trataba de recordar quién fue el que hizo tal o cual cosa en los años 60, aparecían los… "¿eeeehhhh?", "¿Cómo era?..."
"¿Cómo se llamaba ?..."
Y las conversaciones fueron más o menos así…
- ¿Y ustedes ya tienen nietos? preguntó un invitado al que se le movía la dentadura postiza.
- Si, una - le decía la mujer.
- ¿Dos nietas ya?
- No, una sola.
- ¿Dos varones?
- ¡¡UNA, UNA NIETAAAA!
- ¿Neneta? Qué bonito nombre. Disculpa que no te oigo bien. Están poniendo la música muy alta.
- Mira tengo una foto de mis nietecitas - le dijo mi mujer a otro invitado..
- Ni te molestes - contestó - sin las gafas no veo nada. La fiesta estaba divertida, el DJ pasaba de "Zapatos Rotos" a "Yo en mi casa y ella en el bar" y de "La Lambada" a "La Felicidad2.
De la pista me hacía seña un calvito que oficiaba de locomotora para que saliéramos a bailar con el trenecito.
Dos veces me tenté y dos veces me senté. Dos veces me paré y dos veces mi mujer me pegó un pellizco en zonas de compromiso, me aplicó el plan tacón- aguja y me gritó en secreto al oído:
- ¡¡Espera a los lentos, si bailamos esto se nos descose todo!! ¿Por qué no vas a fumar un cigarro afuera con Carlitos y Oscar? Ahí viene el barman ¿Te pido algo?
- Sí, pídeme una tónica y un par de aspirinas batido con bastante hielo. Estoy que repito todo lo que comí. Ya vengo.
- Mi amor - me dijo mi mujer cuando me paré- llévate el móvil por si acaso y llévate también este papel con el número de la mesa anotadito que después te la pasas buscando por todo el salón.
El baño estaba de lo más concurrido, flojos de vejiga y prostáticos agrandados nos encontrábamos a cada rato en los orinales.
Eso sí que estaba divertido!!
Desde dentro, el tipo del micrófono avisaba que había aparecido una señora llamada Raquelita y no encontraba la mesa y que estaba junto al tipo que pasaba la música. Que fueran a retirarla allí.
Fue una fiesta inolvidable, a las 11:00 nos tomaron la presión a todos y un enfermero atendía sin costo a los que se sofocaban bailando. El cardiólogo hacia bajar la presión de los más graves con pastillas sublinguales. Por suerte no fue necesario utilizar el aparato para electrocardiogramas ni tampoco el DEA (Desfribrilador Externo Automático)
Para tranquilidad de todos avisaron que una ambulancia hacía guardia pasiva en la puerta del salón. Junto con los souvenirs, en un detalle realmente novedoso, (José es un detallista) a los que queríamos seguir tomando cerveza nos iban entregando pañales desechables.
¡Formidable invento esto de los cumpleaños de 70!
¡Y que se pongan de moda justo ahora, que todavía estamos hecho unos potros!