Los caracoles de mar, sobretodo los cónicos, inyectan una toxina que, por ejemplo, en el caribe, puede ser mortal.
En el Mediterráneo no son tan virulentos, pero su "picadura" sigue siendo sumamente tóxica.
Tenemos suerte, en nuestras costas, de que, en aguas someras, casi todos los que se encuentran han sido devorados y "okupados" por cangrejos ermitaños, porque si no habría muchos accidentes con niños que juegan con conchas y caracolas.
