Yo estaba en el paro cuando el Salón de 2007. Como no tenía nada que hacer, me pasé por allí. Un señor muy amable se empeñó en explicarme de quilla a perilla las bondades del velerito que fabricaba; le dije que estaba a dos velas y que mejor invirtiera su tiempo en otras personas más pudientes. Ni caso, me tuvo más de una hora escuchando y me dio una tarjeta y unos folletos.
A los seis meses me cambió el viento. Le llamé y le compré el bot de latina que tengo actualmente.
