Al hilo de la abortada intervención anterior, que se refería a políticos actuales y que no viene al caso tal y como bien dice Atarip porque contraviene las normas que todos conocemos, me ha dado pié para hablar de un pirata todavía más reciente que Benito donde a la fuerza habrá que hablar de ellos.
De todas de las maneras, en rara ocasión a lo largo del tiempo y hablando de piratas, tendremos que dejar de hablar de políticos.
En estos tiempos más cercanos no se puede hablar de criminales sanguinarios como nuestro anterior Soto, sus herederos contemporáneos no tienen este legado vesánico pero sí su misma voracidad y falta de escrúpulos que le llevarían a cometer crímenes pero de una forma más solapada.
Así que nos vamos a las Islas Baleares para traeros a alguien que os sonará más : J
uan March.
Muchos conoceréis su historia por lo que no me extenderé como con los otros, pero os diré que los que escribieron sobre él lo tacharon ante todo de pirata, y después de contrabandista, tramposo ,especulador, coleccionista de arte, tacaño, mecenas, ambicioso, conspirador, asesino,espía, naviero, dios,salvador, filántropo, extremadamente peligroso, mujeriego,naviero, ladrón, aventurero, bandido, petrolero, banquero, magnate, patriota, putero, osado, cerebro, multimillonario, genio de las finanzas, tímido, anticomunista, hombre de negocios, acaparador, traidor, empresario, sobrio ... y todavía faltan aun más adjetivos de lo que fue, luego su vida da para hablar mucho.
Lo cierto es que fueron los políticos los que lo llamaron pirata. Francesc Cambó lo llamó
El último pirata del Mediterráneo y su verdadero peligro lo avisó, antes de que ocurriera, Jaime Carner, que fué ministro de Hacienda del segundo gobierno de Manuel Azaña, que lo puso tan claro como blanco y en botella: O la República somete a March o March someterá a la República.
Lo cierto es que March tenía desde pequeñito una habilidad innata para los negocios desde que vendía caladas de cigarrillos, a 5 céntimos cada una, a sus compañeros de escuela o se hizo cargo a los diez años de la contabilidad del negocio ganadero de su abuelo, hasta que murió siendo uno de los hombres más ricos del mundo a la altura de los Paul Getty ,Howard Hughes o Rockefeller tantas veces recordados por los medios audiovisuales.
Os preguntareis porqué March está aquí entre los piratas marítimos y os diré que hizo su fortuna con el capital que le produjo su poder naval.
Por lo pronto fundó la compañía naviera Transmediterránea que montó con el dinero que había obtenido con el contrabando de tabaco a través de sus faluchos y que inició con las 1.500 pesetas que le robó a su padre.
Nuevos nichos (palabra que viene al pelo) de mercado se le aparecen cuando estalla la primera gran guerra porque mientras abastece de consumo y ofrece avituallamiento a los submarinos alemanes en Cabrera,informa a los ingleses sobre sus rutas y las diversas actividades guerreras de los germanos hasta tal punto que el jefe de los servicios secretos británicos destacado en Gibraltar, el mayor Charles Thoroton, le llamaba
mi pirata; pero lo que no sabía era que también informaba de los movimientos de los aliados a los alemanes.
Ese chalaneo, en el que era maestro desde pequeño, lo convierte en multimillonario.
Y cuando las armas callan en 1918 varios imperios caen, el Alemán que fue cortado en dos por el corredor polaco; el Austrohúngaro con la monarquía de los Habsburgo desmembrada; el Otomano al que sólo le dejaron Constantinopla y parte de Asia Menor; pero lo que sí nació aquí fue el poder de Juan March.
Desde pequeño tenía claro que el dinero daba el poder y para conseguirlo la forma más inmediata era la corrupción.
Las frases que utilizaba :
Si robas un pan, te llamarán ladrón.
Si robas un millón, te dirán estafador.
Pero si robas cientos de millones, te llamarán magnate y se arrodillarán ante ti
Diners o dinars (comida o dinero)
Todo hombre tiene su precio, y si no lo tiene es que no vale nada
La riqueza no se crea ni se destruye, solamente se cambia de bolsillo
Los políticos, buscan en la dirección del Estado los recursos que no pueden hallar en los negocios. Son peones fáciles de manejar.
Cada día nace un tonto, sólo hay que buscarlo
dan la pista de la clase de persona que era.
Pero acabó mandatando en España porque tenía a su disposición el Gobierno y no había movimiento ministerial que no tuviera su aprobación o lo hubiera puesto él mismo.
El seguía con sus negocios navieros, comprando y vendiendo petróleo al margen de los cauces legales; con su contrabando de tabaco; vendiendo las armas al caudillo marroquí Abd-el-Krim, que había sublevado las tribus rifeñas contra las autoridades españolas. Armas que eran utilizadas para matar a soldados españoles. Pero ahí no acababa el negocio porque alquilaba sus barcos al Gobierno para repatriar a los muertos y heridos por los mismos fusiles que había vendido antes.
Todo esto se callaba y se tapaba por las noticias contradictorias de sus periódicos: El Día, de tendencia cultural progresista; La Libertad de tesis liberal; Informaciones de ideas conservadoras; Tierra que defendía el anarquismo.
Y si por si acaso un asunto punible salía a la luz y se denunciaba, se corrompía al que fuera y si todavía no se silenciaba, al juez instructor se le destituía o se le trasladaba a plazas de castigo.
Así pasó con su biografía que publicó en 1934 Manuel Domínguez Benavides y que tituló
El último Pirata del Mediterráneo pero que no se atrevió publicarla con su nombre,sino como si el protagonista fuese un tal Juan Albert.
Enfureció de tal forma a March que ordenó secuestrar y quemar las ediciones y que procesaran al autor que dio con sus huesos en la cárcel y estuvo a punto de costarle la vida.
Pero no le sirvió de nada porque, con ese ejemplo brutal del capitalismo que desvelaba el libro, les sirvió a los rusos de muestra para enseñar el español a los estudiantes soviéticos.
Pero a pesar de todo su control ,los distintos Gobiernos le persiguieron para encarcelarlo por haberse pasado demasiado.
El dictador Primo de Rivera lo intentó pero escapó a Francia disfrazado de fraile. Judicialmente el tema nunca prosperó así que volvió a España y tras una entrevista con el autócrata, March logró que lo redimieran, que le dieran el monopolio de tabaco en las plazas africanas, el monopolio de teléfonos y una buena venta de su compañía llamada PPP (Petróleos Porto Pí) a el recién creado monopolio de petróleos Campsa.
No sé qué le diría...
Lo cierto es que en la II República ,en junio de 1932, si que ingresó en prisión procesado por concesión irregular del monopolio de tabacos y empezó una batalla judicial que el gobierno ralentizaba día tras otro, así que se escapa de la cárcel sobornando al jefe de turno de la noche y al día siguiente ya estaba en Gibraltar acogido por el servicio secreto británico y en sus oficinas puesto que sus barcos navegaban bajo pabellón británico y estaban matriculados en Gibraltar.
Cambió definitivamente la historia de España al financiar el Alzamiento Nacional ; es más pagó directamente de su bolsillo las mil diez y nueve libras que costó el alquiler del Dragón Rapide que trasladó a Franco antes del alzamiento, con un sobre donde había un pequeño adelanto de 2.000 libras.
Y así se convirtió en el banquero de los rebeldes financiando mediante créditos avalados y entrega de toneladas de oro a los bancos acreedores para comenzar la conflagración que degeneró en una guerra fratricida que duró casi tres años mientras él continuaba enriqueciéndose.
La historia pasó, triunfó su bando y el continuaba enriqueciéndose.
Vino la II Guerra mundial y el continuó con lo suyo. Cobrando con los unos y con los otros.
March ,de nuevo, vuelve a dominar el país y participa en todos los negocios importantes y maneja todos los entresijos financieros.
A March no le gustaba Franco. Consideraba que había prolongado la guerra innecesariamente para aumentar su prestigio y librarse de competidores sin importarle el sufrimiento de su pueblo,así que escuchaba a los que le pedían ayuda para derrocarle.
Cuando el dictador Franco, informado por la Brigada Político-Social de estos encuentros, lo llamó al Pardo para interrogarle se encontró con un March que muy serio le espetó al temido dictador: "Mi general, no se meta en mis asuntos".
Y Franco se calló y no actuó contra él intuyendo que las consecuencias serían peor para él que para el financiero.
Copiando de los grandes mecenas mundiales, creó la Fundación Juan March, dotada inicialmente con 300 millones de pesetas y 1,2 millones de dólares estadounidenses para que su nombre permaneciera en el futuro y se olvidara su borrascosa biografía y que triplicó antes de morir para que se efectuase inversiones culturales y así su nombre se ha dulcificado con el paso del tiempo con ese mecenazgo altruista.
Murió a los 81 años, el 11 de marzo de 1962, a consecuencia de un accidente automovilista que algunos especulan que fue provocado, dejando una fortuna a sus herederos que sabiamente han sabido mantener porque la Corporación Alba, el holding de inversiones de los March, tiene intereses en las grandes empresas españolas y extranjeras.
Hasta otra referencia