Saludos a la cofradía!
Estaba leyendo estos últimos posts entre Juframa y Gainza y no podía dejar de asombrarme acerca de este peculiar sentimiento que tenemos los amantes de los barcos, da igual si es un ketch, una yola, un sloop o una motora.
Cuando un barco, no uno cualquiera sino "ese barco en concreto", se cruza en nuestra vida, ya nada es como antes de ese momento.
A partir de ese instante en que te has fijado de forma especial en "ese barco en concreto", tu vida comienza a experimentar nuevas sensaciones, te ves cogiendo la caña, tirando de una escota, sintiendo el viento y oyendo el mar cuando la proa lo abre.
A partir de ese momento estás en completa armonía con ese ser inanimado que de pronto ha cobrado vida. Es tu barco y tu eres su patrón.
Ya nada volverá a ser como antes.
Has ganado una ilusión, un compañero, un amigo con el cual compartirás navegaciones, nervios, satisfacciones y también muuuuuucho trabajo.
Todo forma parte de esa nueva relación que se ha establecido.
Ellos escogen. Eso dicen por ahí.
Lo cierto es que cautivan. Y la prueba es que, por lo menos yo, aún no he visto a nadie que desembarcando no se gire a mirar "su barco" y lo mire pensando que es el "mejor barco" de todos los que están amarrados en el puerto.
He tenido tres barcos y con los tres me ha pasado lo mismo. Por lo que, en mi caso, doy por asumida esa dualidad "barco-patrón".
Por eso es que a veces es difícil romper ese vínculo. Y aunque eso ocurra, siempre quedará ese recuerdo que solo el patrón sabrá comprender.
Así lo expresé en un comentario sobre Calipso, que con el permiso de su patrón Juframa, comparto.
http://salamancalewis.wordpress.com/

