
Unas

por los servicios de Salvamento.
El cansancio que se aprecia en el tripulante en la cabina del helicóptero es tremendo. El agotamiento te puede llevar a pedir un salvamento que en otras ocasiones igual no habrías pedido. Dios sabrá el miedo que habrá pasado.
Dicho esto, y desde la tranquilidad del sofá, las condiciones del barco no parecen tan malas como para abandonarlo.
Lo verdaderamente importante es que no ha habido desgracias personales.
Salud y buen viento
