Esas olas que citáis como las del Cabo Vilan, en medio del mar no hacen nada a un velero. A un petrolero lo pueden partir, pero un barco pequeño ni se entera,
Desde el alerón de nuestro barco. Un costerito de 2.000 toneladas, perdíamos de vista a otro barco que navegaba con nuestro mismo rumbo. Había que estar pendiente del motor cuando sacábamos la hélice fuera del agua y parecía que nos saldría un pistón por el costado. El mareton era enorme y en los senos quedábamos enterrados en un valle rodeado de montañas de mar. Nos cruzamos con un velerito que no se enteraba. Ni siquiera cabeceaba, era como una paja encima de las olas. Estoy seguro que entre aquellas masas enormes, un petrolero con cientos de metros de eslora lo pasaría mucho peor que nosotros. En ese momento me di cuenta que no siempre funciona aquello de ,...
Caballo grande ande o no ande,
