Pues sí, los radios eran muy particulares y a bordo, como dije antes, se le tachaba como algo "majaras".
Por supuesto el manipulador era muy personal, es algo como las tijeras para los peluqueros o los cuchillos para los chefs.
Tenía un tornillo central que regulaba la separación hasta el contacto y cada uno lo tenía afinado con su propio pulso. Si se los cambiabas formaban un pitoste de aúpa.
En ese sentido eran enormemente maniáticos.
Otros se lo hacían artesanalmente. Recuerdo uno que se lo fabricaba con la hoja de un cuchillo de postre de una cierta marca y de un cierto modelo porque decía que tenía la flexibilidad justa que a él le gustaba...
Curiosamente no funcionaba presionando verticalmente, sino horizontalmente ,moviendo los dedos índice y pulgar entre estos resortes cuchilleros.
Un experto ,incluso un aficionado como yo, es capaz de distinguir a un operador habitual por sus pulsaciones. Son como su huella digital y eso para ellos era muy importante. Como si fuera el reconocimiento a un trabajo bien hecho.
El cuarto de radio era su mundo y la TSH su religión.
¡Y cuidado como andases trasteando entre "sus" aparatos sin su presencia!