Ten un cabo viejo de unos 10m, listo para lanzar por banda tan pronto aparezca el gracioso de turno.
No te hará falta sirena ni demas parafernalia. Ya veras la cara poema que pone cuando tenga que clavar la barca y desviarse para no tragárselo con la hélice.
Y si es tan patán que consigue enredarse, te acercas y como buen samaritano le comentas que cuando se tire al agua, vaya con ojo con el tiburón blanco y el pez globo que acechan nuestras aguas.
Para terminar y darle color al ambiente, pones el reggae bien alto y brindas con esas latas bien fresquitas que ya no tendrás que sacrificar. Eso sí, guardando las distancias.
