Hace un par de años tuve el placer de navegar en una dorna de un conocido, el cual se la encargó a un carpintero de ribera como regalo a su hija.
Las sensaciones con viento por la ría del Ferrol eran muy buenas, incluso ceñíamos a rabiar, con precaución en las rachas porque parecía a veces que quería volcar. Navegamos de A2 y en los bordos el aparejo daba un poco de guerra pero... es otro mundo, disfruté un montón.
Supongo que seguirá en Redes, un lujo, de verdad, me encantaría tener una.

