Al fin el impulso de cambiar de barco viene más veces motivado por la vanidad que por la realidad. Mi barco se ajusta perfectamente a mi programa de navegación, lo considero cómodo y adecuado en cuanto a acabados y equipamiento, por lo que aunque reconozco que leo los anuncios de compravente de las revistas que compro, es simple curiosidad. No me importa el barco del vecino ni los del pantalán, y los miro porque casí todos me gustan, pero ¡ No quiero cambiar de barco !
Saludos y unas

a la salud de todos y sobre todo de los armadores satisfechos.