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Corsario
 
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Predeterminado Re: De Almería a Rota. Vuelta a casa



A las 00:00am la Punta de la Calaburra en el través de Estribor, el viento arrecia a 17 nudos de proa. La Mar comienza a picarse y se sienten los efectos de las corrientes del Estrecho. Nuestro GPS y la corredera comienzan a tener severas discordancias, puedo constatar esto en mi guardia de 1 a 3 de la madrugada. Nos alternamos en guardias de dos horas por el frío. Dos horas es un tiempo razonablemente soportable. El barco pantoquea constantemente, tanto es así que Diego no puede pegar ojo, se ha equivocado de camarote. En proa es imposible con esa mar, debía haberse acostado en popa. En su descanso de 5 a 7 lo hace y consigue conciliar el sueño. En parte por el cansancio acumulado, en parte por el frío, y en parte porque el camarote lo permite.


Distingo ya la mole del Peñón en mi vigilia de 5 a 7, Diego descansa abajo. La cara norte queda durante la noche iluminada por el resplandor de las luces de La Línea, y desde detrás, la claridad de Algeciras recorta la negra silueta de la Roca. El faro de Punta Europa me indica sin lugar a dudas dónde debo dirigirme. En frente, desde Africa, el faro de Punta Almina (Ceuta) reivindica sus fueros y me recuerda que la entrada al Estrecho tiene dos esquinas, que un poco más allá, otro continente bulle en las sombras de la noche en busca del sustento que facilita la frontera. En la cara Este del peñón, seis o siete mercantes esperan fondeados al socaire, protegidos del poniente. Son las 7:15am, está clareando, Diego se acaba de levantar y estamos entrando en el Estrecho de Gibraltar. Bienvenidos a la fiesta.


Un enorme pecio medio sumergido, un mercante de casi 200 metros de eslora, se encuentra franqueado por boyas de peligro aislado a una milla o milla y media al Sur verdadero (mas o menos) del Faro de Punta Europa. Lástima de luz crepuscular, no pude fotografiarlo, a lo mejor Diego ha podido con su cámara y me envía una imágen. CUIDADO PORQUE CREO QUE ESTO ES RECIENTE Y NO SE VE.

Al doblar Punta Europa, ya francos del peligro del pecio y el Cabo, una fuerte ráfaga de viento nos advirtió que no estaba el día para bromas. Una mar corta, empinada y rápida nos hacía saltar y nos quitaba la arrancada. Cruzamos de pantocazo en pantocazo la boca de la Bahía de Algeciras, esquivando Ferries, mercantes, rápidos a Ceuta e incluso un megayate que, visiblemente, tenía en este momento una vida bastante más fácil que la nuestra. Los incesantes rociones y unas cuantas olas que nos cayeron encima lo dejaron bien claro. Si teníamos alguna posibilidad de pensar que a pesar de todo, las cosas podían ser más incómodas, el Estrecho estaba espesamente cubierto de nubes y bruma. Frío.


Diego comenta la posibilidad de repostar en Gibraltar. Pienso que, total, por doce millas, mejor en Tarifa, que no nos obliga a entrar en la Bahía y recorrer muchas millas para entrar y luego salir tras repostar. Craso error.


Con corriente, viento y oleaje en contra no alcanza ni para que podamos hacer más de 2,5 o 3 nudos. Cuatro horas a Tarifa y ya hemos pasado la Bahía. Maldigo al Estrecho, al tanque de combustible, al consumo del motor y a mi propio criterio. Miro el tanque y queda muy poco gasoil. Hablo con Diego, le digo que si el motor se para por que no quede combustible, no podremos arrancarlo para entrar en puerto. Y hace mucho viento como para controlar el barco dentro a vela. Estoy a punto de parar el motor y ponerme a dar bordos por el Estrecho para entrar a Tarifa, pero Diego me dice: “tranquilo, pisha, que hay de sobra”. Tengo mis dudas pero confío en el. Tras cuatro horas y media entramos por la bocana del puerto de Tarifa.

Nuestro desembarco en Tarifa, puede decirse que fué un catálogo interactivo de todas las muestras de mala educación que, en náutica, pueden darse. Tarifa es un puerto pesquero. Al fondo, en uno de los pantalanes altos de piedra, un Oceanis 411 permanece amarrado al abrigo de la rasca, que dentro del puerto se deja sentir.


Los pantalanes son de piedra, el de combustible en concreto, alto y sólo equipado con algún noray enorme, y argollas en las paredes exteriores. Un pesquero reposta atracado al alto pantalán. Consigo aproximarme por su popa y Diego salta con una amarra desde el balcón de proa a tierra. Obsesionado con no rozar el casco con la pared de piedra, no consigo agarrar la argolla en la pared y el viento desplaza al barco separando la proa lejos del pantalán, mientras Diego lucha por llevar la amarra a un lugar firme. El marinero mira con indiferencia mientras intentamos infructuosamente atracar. Ni un ademán de ayuda.

Entra otro pesquero en puerto, y viendo que estamos intentando atracar, se coloca en el hueco que, involuntariamente, hemos dejado al ser desplazados por el viento. Con la mayor naturalidad, el patrón desciende e, ignorándonos, pide la manguera. No puedo dar crédito a lo que está pasando. Cuando conseguimos atracar al costado de la gasolinera, el patrón del pesquero se acerca a ver si necesitamos que tire de un cabo. Lógicamente le damos las gracias por participar y le indicamos que ya nos ha ayudado suficiente.

Todo un rosario de muestras de solidaridad marinera que agradeceré siempre.

A las 12 del mediodía poco más o menos, con un cielo encapotado, un F6 soplando con rachas de F7 y una mar corta y desagradable, nos ponemos en marcha hacia Rota.

El primer problema es librar con holgura el bajo del Cabezo. Peligroso con mala mar y viento. Tenemos que dirigirnos al rumbo 270 durante unas millas. Hasta abandonar definitivamente los bajíos de la Isla de Tarifa, el camino se hace eterno y seguimos mojándonos bajo rociones de agua fría y olas que sumergen la proa. Al pasar el Cabezo y aproarnos al viento (cómo no), para poder seguir nuestro rumbo, mar y viento amainan un poco, a unos 16 nudos. El efecto de la corriente en contra se hace sentir, hacemos 3,5 nudos de GPS rumbo al borde externo del Bajo de la Aceitera, paralelo al Faro de Trafalgar. La Aceitera (también cartografiada como “Barranco del Hoyo”) es otro de los peligros a evitar, aunque quizá, si el mar sigue encalmándose como el viento, no será necesario dar tanto resguardo. Decido dárselo de todos modos, no sé si el tiempo puede cambiar y allá en el Cabo, se divisa nubosidad muy oscura.


Anochece antes de pasar la Aceitera. Como es tradicional fotografío la puesta de sol, hoy entre nubes. El frío es más notorio aquí en la costa Atlántica. Los faros vuelven a cobrar vida, la bruma desde Trafalgar hasta Cabo Roche y aún mas allá es ciertamente densa. Llamo a Tarifa tráfico para que me indiquen si en Cádiz hay nieblas. Mi radio no alcanza aún a Cádiz tráfico. La gente de Tarifa tráfico, siempre tan profesionales y tan necesarios, me informa de que la Bahía está despejada y en calma (de momento).


Mientras Diego está a la rueda bajo y me como uno de los bocadillos que hemos comprado en Tarifa. No he comido casi nada en todo el día, fuera del desayuno en nuestra escala forzosa. Son las diez y después de comer me entra sopor. Le digo a Diego que me desconecto un par de horas, las suficientes como para encontrarnos frente al Castillo de San Sebastián. Diego, que es duro como el cuero de un repujado Marroquí, me dice que me pierda de su vista. Así lo hago.

Dos horas después me despierto y mi compañero me anuncia, desde la bañera que estamos frente al Castillo. Me visto y salgo. El viento a rolado a Norte y está verdaderamente helado. La noche se ha despejado por completo. Busco la boya ANA sabiendo que es difícil de ver incluso a 500 yardas. Pero no, la han cambiado. La luz mortecina que antes emitía son ahora nueve brillantes y claros destellos blancos que indican que las aguas profundas y seguras se encuentran al Oeste.

La dejamos a Estribor y aproamos la bocana de Rota, donde entramos a la 1:15am del Sábado, en medio de una noche encalmada pero fría, tras doscientas cuarenta millas náuticas.

Miro al tope del mástil y me atrae a lo lejos, el brillo intenso de una estrella muy azul. Tan azul como el traje de los pitufos.

Rog
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Y a la voz de: " ¡¡ A por ellos, que son pocos y cobardes !!, se abalanzaron sobre el que suscribe..."
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