Cuando salieron a la calle los primeros automóviles no salieron todos a la vez, sino uno de vez en cuando, con la obligación de llevar a un ayudante a pie delante del coche agitando dos banderas para abrirle paso.
No había más ni normas ni prohibiciones.
En los años 50-60 ya había más coches y el carnet de conducir se hizo necesario para controlar e identificar a los conductores en caso de accidente, pero bastaba con pedirlo y te lo daban sin más para cualquier clase de vehículo.
Ahora hay tantos vehículos que los requisitos parecen los mismos que para piloto de nave espacial, o menos.
Es simple cuestión de matemáticas: si hay mucho de algo hay que controlarlo, si hay poco no es indispensable.
Es evidente que el control de las playas y otros espacios públicos sigue la norma general.
Y suerte que en España las playas se mantienen, con mucho esfuerzo, públicas y no como en otros países en los que son privadas y hay que pagar por entrar en ellas.
Aunque ya vamos en camino de eso en este país.
A imitación de las zonas verdes de aparcamiento para vecinos en la ciudad ya hay zonas de parquing verdes en playas, gratis para los vecinos y de pago para los de fuera.


