De acuerdo con todos.. menos con don Javier...
Si aceptamos servicios no solicitados y mas, con amabilidad, convertimos dicha práctica en rentable para los anunciadores o interesados finales y, por tanto, acabaremos con filas de ofertantes de folletos en todas las calles.
Lo mismo si atendemos las ofertas telefónicas sobre cambios de compañías de servicios, o si, simplemente, les dejamos formular dichas ofertas: acabaremos con una invasión de nuestro hogar, con interrupciones enervantes de nuestra intimidad (de cualquier tipo).
La culpa de tales agresiones no son de los pobres empleados pero, si no queremos que esta agresión publicitaria empeore, hay que transmitir a sus responsables que el método no funciona.
