Cita:
Originalmente publicado por Alf_on
Bueno, primero una rondita compañero. 
Modificar la producción natural de alimentos es parte fundamental de ese progreso, por ejemplo el secado, la salazón o el ahumado, o la selección genética que es algo que llevamos haciendo desde que empezamos a cultivar vegetales hace muchos mil años, o mas modernamente con los invernaderos y las cadenas de frío, que nos permiten comer fuera de temporada todo tipo de cosas.
Hoy en dia está el tema de los trasgénicos, por ejemplo, que tan mala prensa tiene por parte de ecologistas y demás, pero el caso es que está permitiendo dar de comer a la gente en países subdesarrollados, con granos que resisten las sequías de esos sitios y las bichitos de la plagas, tan naturales pero que nos joden a base de bien.
En fin, todo tiene sus peros y sus contras, pero creo que a menudo nos ciscamos en cosas que si nos las quitan lo tenemos crudo.

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Aceptada ronda y otra al canto.
No me refería a procesos naturales y antiguos de conservación, como el secado, salazón o el ahumado, nada que objetar, de lo que hablo no tendrá mucho más de 35 años.
Sobre todo me refería al alimento en fresco, en el que hemos perdido sabores y propiedades alimenticias en algunos alimentos, a consecuencia de querer disponer de ellos durante todo el año; no es lo mismo un tomate de la huerta de primavera, que uno de invernadero (posiblemente ni su precio).
El mantener una producción piscícola (piscifactoría) de casi cualquier especie, y de forma rentable, implica que se cuide a esos animales, más o menos hacinados en espacios reducidos, de tal forma que si no es gracias a una serie de “medicamentos” que se les suministran, la mayoría no vivirían, bien por enfermedades o bien por los cambios de temperatura. Parte de esos medicamentos los ingerimos en pequeñas dosis cuando los consumimos, por supuesto nada nocivos para nuestra salud. A su vez estos son alimentados con una serie de piensos que varían sus precios en función de sus calidades y procedencias. Evidentemente no es lo mismo el sabor de una lubina, un rodaballo o una dorada salvaje que el de la misma especie pero de piscifactoría (tampoco su precio)
Hemos llegado a un punto en el que la mayoría de los críos comerán pescado si no sabe a pescado y no parece pescado (mejor una forma de salchicha o de estrella o lo que sea), mucha parte por nuestra culpa.
Tocando el tema de los conservantes, nos toca comer ciertos conservantes añadidos a nuestra alimentación diaria porque como el tiempo nos devora, y el poco que tenemos no queremos o no podemos pasarlo cocinando como hacían nuestros padres, tiramos de los precocinados que tanto nos anuncian y a los que tantas “Es”, buenas y malas, se les añaden. ¡Adiós a la cuchara!
No te asustes, por desgracia no predico con el ejemplo, pero lo tengo bastante claro.
Me toca vivir los mismos tiempos que a los demás, pero mientras esté en mi mano elegir lo que entra en la cesta de la compra, sé para donde tirar… por ahora.
Tengo a veces la inmensa suerte de poder cambiar una cesta de sargos por otra de verduras o frutas de la huerta.
Que conste que entiendo perfectamente lo que dices.
