Me alegra que el Sr. Perkins se haya portado bien, nada de malos humos ni toses. Y que la tripulación menuda siga divirtiéndose (más en Gijón que aquí, imagino), pero ya echamos de menos vuestros dos palos sobresaliendo por encima de nuestro edificio: un poco de carácter a este aburrido puerto nunca le viene mal.
