Poderse jubilar a los 56 años, con salud y la vida resuelta es una bendición que alcanza a muy pocos, enhorabuena!
La vida profesional te sume inevitablemente en una rutina que hace que cuando quieres repasar mentalmente tu vida se confundan los años y las décadas, mientras sí afloran vivos recuerdos de infancia y de juventud que podrías relatar con absoluta precisión.
Siempre he confiado en que si consigo jubilarme algún día con una salud razonable, lo que a cierta edad se ve como una urgencia, las nuevas experiencias permitan la ocasión de disfrutar intensamente del trecho que quede por recorrer.
Saludos cordiales
