Buena reflexión, vamos tan deprisa que nos olvidamos de lo esencial que nos rodea.
Me ha hecho reflexionar, tras un día en la Ría de Ares intentando que Eolo nos dejara regatear (no lo hizo). Yo me apunto a la misma carta, que nadie de los queridos que nos rodean nos den un "disgusto", y siga esa "rutina".
Con mis mejores deseos ¡tabernícolas!
