En efecto, a mí el Sirocco me hablaba...y cuando subimos al país vasco a ver el TXO (nuestro actual hogar), dormimos en él una sola noche, y me dijo que lo sacara de allí...que necesitaba sol, calor humano y que lo mimaran...

Eso, me dejó claro que él nos había elegido a nosotros...Una vez que se cerró el trato, lo primero que dijo es que no le cambiara el nombre (teniamos pensado un nombre para nuestro siguiente barco), él era el TXO!

Ahora mismo estoy a bordo, en sus entrañas, y sé que esta noche me arrullará con sus sonidos y dormiré como un bebé...
