Aunque vamos por la tercera página de este post y ya hay mucho hablado, los pumas dan para mucho más, y no digamos con lo a gusto que estoy esta noche frente a mi cabezón

, con mi gin tonic, mi Marlboro, y leyendo sobre pumas. ¿Se puede pedir más?.
Pues sí, hablar de ellos.
Cuando comencé a interesarme por los barcos de vela, allá por los 80, los pumas no me seducian, ¿por se españoles?, pues quizá sí, por eso mismo, y porque cuando en la prensa nautica aparecian pruebas de barcos franceses... pues **ño, como que molaban más. Tenian pinta de estar mejor terminados.
Ahora con los años, y despues de algunas millas a la espalda, soy un entusiasta de la marca, ó matizando, de un par de modelos que conozco bien, el 23 y el 26. Sus diseños son sobérbios, no embarcarás a la más rubia del pantalán, pero a la morena que embarques, la devuelves sana, salva y con ganas de repetir.
La leyenda urbana sobre estos barcos habla de su magnifico grosor de casco (es cierto), su ventaja en las ceñidas y su seguridad con mala mar (también cierto). Pero siempre ponen como buenos los modelos de 23, 26, 29 y 34. ¿Que pasa con los 24, 27, 32, 305 y 38?. ¿No son tan buenos?, ¿son malos?. A mí el 27 me encanta, y no he tenido la oportunidad de navegar en él, pero tiene una pinta co***uda.
Estoy seco, Tabernerooooo, más para todos!
