No es necesario volver a los tiempos del astrolabio, ni soy de las que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, la tecnología es fabulosa y nos facilita la existencia. También posibilita que cualquiera sea capaz de lanzarse a la mar con un IPhone en la mano, sin plantearse que esto es una ciencia, un arte, un deporte y hasta un género literario. Lo que realmente sigo sin entender es como no se sonrojan antes de escribir ciertas frases.
El navegante del Vestas ha podido decir muchas cosas sobre su error en la navegación, pero entre ellas no está que vuelen la isla a la que se subió.
Mi propuesta sería que vuelen parte de la meseta castellana para hacer un gran lago, de orillas y fondos hinchables, con peces virtuales y vientos programables. Los puertos serían automáticos, con solo llamar por radio aparecería un dron acuático que tomaría el control remoto de la embarcación para amarrarla sana y salva. Sol asegurado y tres ambientes a elegir: trópico, mediterráneo, altas latitudes.

El mar se quedaría solo para los masocas que sacan partido de ese medio tan incómodo y tan peligroso.
Ale, ya me podéis crucificar. Pero si no lo digo reviento.

