Sí, es una pena que desaparezca la Velera y que Barcelona se esté convirtiendo en una especie de parque temático.
Cuando empecé a navegar, cada dos por tres iba a hacer pequeñas compras o a mirar material. Sólo pasar el umbral de la puerta significaba ponerse en sintonía con el mar viendo las vitrinas con los sextantes, los winches impecables, la decoración dorada y los jerséis de rallas azules y blancas.
Yo creo que lo primero que compré en la Velera fue una banderita para mi Puma 26...
Después he tenido contacto a nivel profesional ya que trabajé y colaboré en varias empresas del sector.
Allí conocí a Emili Lledó. Luego se puso por su cuenta vendiendo acastillaje, siendo un gran profesional y mejor persona.
Si hay o había una cosa imprescindible para visitar en el Salon Náutico era el stand de la Velera, con cartas usadas que mostraban navegaciones ya realizadas y material de ocasión. Esto ya no va a ser lo que era...