Una de las cuestiones que más me llamaron la atención siempre, es la capacidad de adaptación de un niño. muy pronto saben moverse mejor que una adulto por el barco y se sincronizan con el balanceo y la escora.
cuando los niños se van haciendo mayores, creo que les gusta mucho el barco por varias razones.
el barco es más a su medida que a la de un adulto. creo que se consideran más adaptados que los torpones de los grandones.
todo en el barco es útil, tiene un sentido. en los barcos no abundan los adornos, lo superfluo no tiene cabida en un barco que navega. esto tiene mucha lógica para ellos que no entienden la cantidad de cachivaches inútiles que acopiamos los adultos en nuestras casas.
todo sirve para algo. un winche para cazar un cabo, una manivela para mover el winche, el compás para saber a donde vamos, la rueda para gobernar el barco. no hay nada más divertido que las cosas de verdad.
a fin de cuentas antiguamente los niños eran personas (incluso se les trataba de usted) que tenían menos experiencia y fuerza, pero eran útiles desde muy temprano. ahora les hablamos como tontitos, nos inventamos ñoñerías, queremos protegerlos y acabamos atontándolos. a fin de cuentas la educación es un proceso de acercamiento a la realidad y en un barco, en el mar todo es muy real. en ese sentido, en el pedagógico, un barco es un entorno muy potente que seguro que sabréis aprovechar muy pronto con vuestro bebé...
y sin que ni siquiera os déis cuenta, tendréis un marinerito. el mio, con apenas seis años, lo dejaba en cubierta haciendo guardia. con el arnés eso si y sin tocar nada. pero me podía ir a hacer la comida muy tranquilo que a poco que atisbara un barco en el horizonte me avisaba a grito pelado muy orgulloso de evitar que chocáramos.
