Txelfi Es un relato impresionante, valdría para el prólogo de una novela épica sobre la pesca del tanqueo. Al final se trata de volver loco al pescado y la gente parece que enloquece.
Simbad, uno de mis mejores amigos - el pobre ya fallecido- era del gremio de Txelfi y mi cuñado también Bermeano trabajo en las Seishelles primero en los congeladores y después como inspector.
Sorprende lo que llevan esos barcos ( como los que mandaba Txelfi) no hay mercante que tengan la tecnología que llevan abordo. Efectivamente es una lucha desigual, pero si ponemos aparte la gestión del recurso y la sostenibilidad, alucinas con los objetos que dejan a la deriva con sondas que se disparan pasando la información para que otros no se interen. Aparatos de radar que detectan los picos de los pájaros a decenas de millas de distancia, incluso conocí a un capitán de la marina mercante vasco Joseba que con un maquinista vivía en un viejo remolcador ruso enorme fondeado en una montaña sumergida, esperando a que el cardumen se reuniera debajo. Cuando había suficiente pescado, llamaban al atunero, se retiraban, hacían el copo y otra vez como un hermitaño a esperar.
Si los patrones como Txelfi nos contarán aquí sus historias, tendrían público asegurado.

Espero disponer de la oportunidad de disfrutar algún día de su marmitako y de las batallitas
