Re: Relato Marinero 2ª parte
Repasé el entorno. Me hice un “informe de daños”, como se dice en las pelis.
1) Por la comunicación que había tenido con la Vero, todos estábamos bien.
2) Observé el palo. Alumbré con la linterna el tope , y observe que una de las antenas del VHF habia volado. Quedaba la del distress en la segunda cruceta. La veleta estaba.
3) El tangón estaba en su sitio,no se había salido de su emplazamiento en el palo.
4) La mayor: Deduje que había sido arriada con prisas y Vero no trincó la driza, con lo que en la “volcada” la vela se izó unos metros, aunque los cabitos del lazy jack la aguantaron en su sitio, más o menos. Los cabos de los rizos estaban todos sueltos y con el movimiento de la botavara corríamos el riesgo de que se enganchasen en algún sitio inoportuno. Tiré de ellos como pude y aproveché para anudarlos alrededor de la vela. Los aseguré para que no volviesen a liarla.
Justo acababa de asegurar los cabos de los rizos y cuando ya había asegurado la driza, cerrando el estoper que quedó abierto, una nueva racha me hizo estirarme al suelo de la bañera. El viento rugia como una bestia feroz y el barco alli estaba otra vez tumbado. La botavara estaba..., ¿dónde estaba la botavara?. Ah, uf, que susto, es que no estaba encima, estaba debajo. Joer joe, que cambio de perspectiva...
De nuevo el barco se adrizó. Me incorporé como pude. Ahora los truenos se sucedian a intervalos más cortos y los relámpagos a intervalos más largos.
La lluvia empezó a caer, las gotas, como chuzos me daban en la cara, golpeaban con fuerza en la cubierta que pronto se empapó.
Lo que voy a decir no se si es muy científico, pero a mi me ha parecido siempre, que si llueve, se libera energía, energía que deja de convertirse en esas “armas eléctricas de destrucción masiva” de las que la naturaleza se provee: los rayos. Asi que aún con todo el rostro chorreando agua, se me dibujó una medio sonrisa: creo que lo peor casi ha pasado, me dije.
Continué con mi particular informe de daños.
Por la proa todo en orden, las balsas salvavidas trincadas en cubierta, aguantaban, habría que asegurarse más tarde.
Por la popa: Faltaba algo. El aro, el aro salvavidas y la rabiza volaron, quedaba solo la driza naranja cortada de cuando me la até para recoger al Raúl.
Alcé la vista por encima de los candeleros de popa y la fui recorriendo con la linterna. Las antenas de la segunda radio estaban. El otro aro, el de estribor estaba en su sitio, pero las portezuelas de acceso a la bañera desde popa, estaban abiertas y daban golpes. Me dispuse a cerrarlas, y cuando me incorporé pude ver una luz que brillaba a unas brazas tras nosotros. Ya está, es el aro y la rabiza que se ha encendido al caer al agua. Mira, todavía los podemos recuperar.
Continué con el “informe”: la radio que llevo junto al timón se habia salido de su encaje, pero estaba aguantada por su propio cableado.
Bueno, parece que la cosa no ha sido grave.
Abri el tambucho, el barco estaba parado y el interior sin baterias carecia de luz. Las chicas se iluminaban en el camarote con los móviles.
-Todo esta bien chicas, toute cést bien.
Mire alrededor y aquello parecia la noche de los cuchillos largos; toda la “biblioteca” que llevo en una pequeña estanteria de estribor se habia escampado por la camareta. Los cojines de los asientos habian volado, pero como la volcada habia sido de estribor a babor, el menaje de cocina habia aguantado.
Conecté las baterias. Voila, se hizo la luz.
-Ehhhhh, gritamos todos.
Y entonces, caminé unos pasos hacia el camarote de las chicas y las abracé a todas y nos revolcamos por las literas, como unos monos beduinos, que salvajes, por Dios.
Continuará
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