
Eran las 20:00. Aproximadamente a unas 5,5 millas tenia justo por el través el faro de Tossa de Mar. A motor mi velocidad era de 7 -7,5 nudos, la mayor izada a crujía .Faltaban unas 11 millas para llegar a Palamós. La mar de viento producía una suave ola. Pero en la meteo estaba prevista mar de fondo del NE de 1 a 2 metros, y la previsión se cumplió, el barco cabeceó y escuche un ruido, aunque lo achaqué al choque con la ola de fondo de proa.
A la distancia de la costa a la que navegaba, podía iniciar ya la aproximación a la Llosa de Palamós, asi que puse el barco a rumbo y le di al piloto en modo “Ruta”, para llegar a un wP que me colocaba prácticamente entre puntas del Puerto.
El modo “Ruta” de los pilotos automáticos es verdaderamente increíble. La “máquina” corrige el abatimiento y la deriva, o sea que te lleva a donde le dices, cambie el viento o la mar. Con este modo de navegación el piloto no se limita a “apuntar” la proa a un rumbo, sino que te dirige al lugar elegido. La función del navegante con esta ayuda a la navegación se limita a “vigilar” la ausencia de obstáculos, función que obviamente el piloto automático no sabe realizar, más si los obstáculos son palangres u otras embarcaciones. Pero en todo el trayecto el agua estuvo libre por la proa.
Con el cambio de rumbo, el barco disminuyó la velocidad a 6 nudos, disminución que asocié a la potente mar de fondo.
Y efectivamente, llegué al Puerto de Palamós. La ausencia de viento, me facilitaba el arriado de la mayor, así que simplemente, me limité a reducir la máquina y a soltar la driza.
Me dispuse entonces a tomar el timón y a relevar al automático de su tarea, para virar hacia el interior del puerto, cuando....el timón no obedecía, la rueda estaba encallada y el barco empezó a girar en circulo. Pero el circulo era demasiado abierto y las piedras del muelle estaban muy cerca. Paré la máquina y embragué atrás para evitar la encallada. El barco obedeció pero continuaba sin timón y justo entre puntas. Y la mar de fondo lo vapuleaba peligrosamente.
Por si el lector no conoce Palamós, su puerto no es precisamente deportivo. Contiene un puerto deportivo, pero es mucho mayor, tiene puerto de pesca y además puerto comercial de buques de pasaje y de mercancías. Su sonda es de 20 metros aproximadamente, por lo que no era cuestión de fondear entre sus puntas. Máxime cuando se me acercaba peligrosamente un paquebote de la MSC que pretendía recalar pasando por donde yo andaba dando tumbos. Pronto los prácticos asomarían el morro...
De manera que lo más prudente que se me ocurrió, fue pedir ayuda a Salvamento Marítimo, pues aunque en muchos años de navegación, nunca precisé de sus servicios, quizás había llegado la hora, y estaban allí mismo.
Me habían seguido por el Ais y viendo los círculos que hacia. Así que cuando contacté por VHF con ellos, rápidamente se hicieron cargo de la situación y la Salvamar se me acercó en minutos dispuesta a darme remolque hasta el atraque. Y así lo hicieron. Se acercaron, me lanzaron cabos y empezaron a tirar del l'Aila.
Pero a unos 100 m. de la entrada al muelle en que amarramos los barcos de chárter, todavía en zona de tráfico, la Salvamar se paró, y no avanzaba. El patrón dió atrás, filó los cabos de remolque y se me acercó por babor.
Era un santanderino con más millas que todos los tabernarios juntos, y con un socarrona voz me dijo:
-Patrón¡¡ ¿ como navegas con el hierro al fondo ?
Por Dios¡¡, me quedé a cuadros, ¿ cómo era posible que un patrón
profesionalll, como yo, hubiese cometido semejante error ?. Ahora lo entendía todo, el ruido, la disminución de la velocidad, la clavada del timón, los círculos, la clavada de la Salvamar,etc..
Luego dicen que estos barcos de plástico están hechos de papel. El barco había arrastrado 50 metros de cadena y 10 de cabo, y sólo había disminuido la velocidad 1,5 nudos. En el pozo de anclas, el cáncamo que retiene el cabo del fondeo, embutido entre el poliester y el kévlar con que va reforzado, lo había aguantado todo. Mientras el piloto automático solo requería de pequeños giros de ajuste, el timón respondía. Cuando lo requerí para virar 90 grados y entrar a puerto, la cadena se enganchó a la pala y por eso ésta no giraba, quedando atrapada y obligando a navegar en círculos al barco.
Quedaba cobrar el ancla y toda su cadena, pero aquella estaba enrocada en el fondo del puerto. Los de la Salvamar me ayudaron porque el enroque era de no te menees.
Finalmente el barco quedó libre, pero aquí no acabaron mis penurias, porque dando atrás en el amarre, la hélice enredó el cabo guía. Total que amarré como pude y después de rellenar los impresos de Salvamento y disculparme 100 veces por mi poca “profesionalidad”, me fui a dormir.
Eran las 01:00 y aquella no había sido mi tarde-noche, y aunque el santanderino me confesó en un aparte, que no era el primero ni seria el último en “navegar con el hierro al fondo”, yo creo que lo dijo para consolarme.
¿ Había tenido algo que ver con todo aquello mi “fiesta privada”? Yo creo que no. Transcurrieron casi 5 horas desde que cayeron “los cacharros”, pero por si acaso amigo lector:
“Si bebes no navegues “. La puedes liar parda.
Continuará