Mi experiencia, no muy lejos de esas mismas aguas, fue cruzarme con una patrullera de la Armada francesa (unos 50 metros llenos de marinos de guerra). Al rebasarme, a una distancia de no más de media milla, botaron una neumática con cinco tipos a bordo. Nosotros, ni caso, claro. Íbamos desde Francia a Almería del tirón, y teníamos prisilla. Estábamos en marzo. Hasta que la neumática, lanzada y a evidente rumbo de colisión con nuestra aleta de babor..., ¡colisionó con nuestra aleta de babor! Y en el golpe, la inercia catapultó a dos atletas, que pasaron limpiamente por encima de los guardamancebos y se plantaron en nuestra bañera con dos fusiles de asalto. Al momento uno cogió un cabo de la neumática, y ayudó a subir a otros dos militares, dos señoritas, por cierto. El quinto volvió a dar gas y se alejó a unos cincuenta metros de distancia.
En fin, papeles, papeles y papeles. Sabían lo que buscaban. No abrieron ni un tambucho. Era mi barco recién botado en un puerto francés, al que no le habíamos quitado ni las fundas de plástico de los timones. Y resulta, y por eso lo cuento aquí, que mis papeles eran provisionales. Todo legalísimo, pero eso, provisionales.
¿Y eso qué significa?
Pues los muy...

cuando tuvieron el papelillo en cuestión en la mano, me señalaron sin dudar un párrafo de letra pequeña al final del documento... Algo así como: ..."este permiso provisional no permite alejarse más de cinco millas del puerto base..." ¡Y yo estaba a sólo unas 1000 millas de casa!
¿Solución?
Tres facile.... O paga esta receta que le estamos haciendo, 300 euros de nada, o nos llevamos el barco precintado hasta el puerto y ya veremos...
En fin, queridos cofrades, cuando tengáis permisos provisionales, leeros la letra pequeña hasta el final. Por cierto, una de las chicas hablaba español perfectamente, pero sólo lo reveló cuando ya se estaban yendo de nuevo hacia su barco.