Discusión: Otros El sueño de Peter
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Antiguo 20-03-2015, 13:25
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Yan Yun 3 Yan Yun 3 esta desconectado
Piratilla
 
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Predeterminado Re: El sueño de Peter

Ése es el problema, que podía ser una historia completamente real. De hecho, el relato me lo inspiró una noticia que leí hace algunos años en alguna revista náutica: cada año desaparecían en toda la zona del Caribe unos cien barcos.
Claro, ahí habrá que meter todos aquellos que pasan y no dicen ni que se van, ni adónde, ni vuelven a dar noticias. Pero lo cierto es que en algunos tablones de anuncios de algunos puertos de por allá, seguía diciendo la noticia, a veces se solicitaba cualquier dato de tal o cual barco, del que nadie había vuelto a saber...

Sigo un poco más



Satisfecha, siguió caminando hacia el otro puerto deportivo, junto al que había unas cuantas cafeterías más asequibles que las que adornaban Formentera Mar. Tenía el antojo, muy común entre los navegantes que llevan varios días sin pisar tierra, de zamparse un buen helado, con su cucurucho y todo. Y, lo que era más importante, necesitaba el sosiego de un lugar tranquilo en el que sentarse para realizar la llamada que podría solucionar su vida por una temporada, o no…
–Hola. ¿Eres Sergi…?
–¿Quién es?
–Bueno, verás, me llamo Susana. Pero sólo nos hemos visto una vez, hace algún tiempo, y no sé si me recuerdas. Soy amiga de Erika y Fran…
–¿Por qué estás llamando a este número?– Sonaba mucha desconfianza al otro lado además de un fuerte acento eslavo. La muchacha titubeó antes de responder. Debía jugar bien aquella carta, más que nada porque era la única que tenía.
–Erika me dijo que podía hacerlo…
Pasaron unos segundos de silencio, hasta que la voz masculina que había descolgado el teléfono volvió a hablar.
–¿Por qué no llama Erika?
Susana inspiró profundamente una par de veces antes de responder. Notaba que estaba a un paso de que le colgaran para siempre. Conocía la fama de su interlocutor, y presentía que sólo podría salir airosa de su empresa si iba con la verdad por delante. Al menos una parte de la verdad.
–El caso es que he tenido un desacuerdo con Erika.– Hizo una pausa, mientras medía muy bien sus próximas palabras. –No voy a tener más relaciones con ellos.
El silencio se prolongó algo más de la cuenta al otro lado. Cuando fue roto por fin, Susana presintió que la escasa brisa que la había empujado hasta allí estaba muriendo por momentos, y que de la encalmada que la iba a seguir no era capaz de adivinar cómo iba a zafarse.
–No te conozco. No me acuerdo de ti. Y no sé por qué sigo hablando contigo. No debiste llamar a este número.
Ni siquiera entonces quiso entender Susana lo que el hombre le estaba diciendo.
–Ya…– empezó, no tan segura como al principio –pero es que soy yo quien tiene lo que te interesa.
El silencio no fue tan largo en esta ocasión.
–Comprendo.
Lo que también comprendía ella era que por fin se estaban entendiendo.
–¿Tienes los papeles…?
La pregunta quedó flotando en el aire. El subconsciente de la muchacha le hizo una mala jugada en ese momento, porque le llevó a la memoria la imagen del ancla flotando ingrávida en el aire, antes de volver a caer con todo su peso sobre la proa del barco.
–Bueno, no. Pero eso se puede arreglar…
El otro le interrumpió en tono tajante.
–No hay papeles, no hay trato.– El ancla se había desplomado sobre la proa.
Sin embargo, el último hilo que todavía sostenía aquella conversación no estaba roto del todo. Su interlocutor aún no había colgado. Tenía que aprovechar aquel resquicio para introducir la punta del pie y que el otro no pudiera cerrar la puerta.
–Sí, no hay papeles. Pero tampoco están ellos…– Estaba pensando a toda velocidad, improvisando sobre la marcha. –El precio es diferente…
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