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Predeterminado Re: Relato Marinero 2ª parte


Rumbo a Roma

130 millas hacia el NE me separaban de Porto di Roma. Aproximadamente 20 horas de navegación. El viento estaba previsto del NW F3-F4, o sea que divinamente. ETA prevista las 01:00 ó 02:00.
Roma exactamente no tiene puerto. Hasta hace pocos años, Ostia era el lugar de recalada, pero no es recomendable. Se trata de la desembocadura del Tevere (Tiber) y sus aguas son casi una cloaca. De manera que los de recreo tenemos la posibilidad de recalar en el moderno puerto deportivo llamado Porto di Roma, que en realidad esta a bastantes kilómetros de Roma, aunque más cerca del Aereopuerto de Fiumicino, que es de una conocida linea aérea de low cost. Y alli llegaban mis clientes.
Durante la travesía nada destacable era previsible, excepto el intenso tráfico mercante y de todo tipo, pero con el Ais y la luz del día, ningún problema.
Andaba yo a lo “chacal”, o sea con mi bomber-spi muy a proa y la mayor y un poco de génova, haciendo como de trinqueta. O sea todo el trapo, y el barco a sus 8-9 nudos. Una gozada. Timoneando para disfrutar. Pero ya dije yo antes, que la dicha en casa del pobre....
A las 14:00, hora local, que era el mediodía UTC, algo se movió por la amura de estribor, como a 1 milla. Mire el plotter y Ais no habia nada en 12 millas. Como yo andaba sentado en el timón de esa banda, pude darme cuenta rápidamente de que aquello que se movía no era un pescado precisamente. Cogí los Steiners: era una barco blanco, sin mástil. Me fui acercando. No era blanco, la cubierta era blanca, pero el caso azul. Me acerqué más: era un velero desarbolado, las velas estaban por cubierta y era lo que le daba el tono blanco al barco. Calculé que debía ser pequeño, 30 pies a lo sumo. Entonces vi que entre las velas extendidas por cubierta, alguien me hacia señas con los brazos. Sin duda, aquella gente estaba en apuros. Jo.., con lo tranquilito que iba yo. Venga, recoger velas. Primero el bomber, a su almacenador. Luego el génova, a su enrollador. Me acercaba con la mayor mientras la velocidad iba disminuyendo. El viento real era de unos 15 nudos, de manera que se me hizo más intenso en la medida que disminuía la velocidad.
Me puse a su costado de babor, a unas 5 esloras y pude ver que tenia el palo y la botavara colgando, con toda la jarcia, obenques, drizas etc. Arrastrando. Probablemente el barco iba de vuelta encontrada, porque si no lo lógico es que hubiese desarbolado por el otro costado.
¿ Que hago A.-?, pues habrá que ayudar. Me aproo y arrío la mayor. Enciendo el Yammar y me acerco por su babor. No lleva matricula en la amura, solo la inscripción Calypso ......y no veo la bandera. Veo 2 personas, un hombre de pelo blanco que debe ser el patrón, y una mujer también mayor.
-Hola, ¿hay heridos?.
-Nous somme en pane. ¿s'il vous plait d'aider?.(estamos en avería, si nos puede ayudar^por favor)
Vale, franceses. A parir de aquí escribo en español, aunque en la situación les hablo en francés. para no liarme.
-¿Hay heridos?
-No todos bien.
-¿Cuantos son?
-2 adultos y 3 niños.
-¿Tenéis motor?.
-Si pero la hélice se ha enganchado y esta gripada. El timón tampoco responde.
-¿Hace agua el barco?.
-No, todo seco.
-Vale, lo importante es que estáis bien. ¿Tenes radio VHF?.
-No funciona, la antena iba en el palo. Hemos lanzado un medé pero nadie contesta.
-Ok., os voy a ayudar, tranquilos.
A partir de aquí, haces valoraciones muy rápidamente, pero mi conclusión fue que ..., había que echar una mano, o las dos. De entrada si se mantenía aquel lío de palo, botavara etc., al lado del casco, tarde o temprano, haría un boquete, vía de agua seguro. Entonces lo prioritario era deshacerse de aquel lío.
-¿podeis cortar los cables que sujetan el palo?.
-No he podido. La cizalla que llevo no es suficiente.
-Ya, ya. Vale.
Boté la zodiac que desde Porto Cervo llevaba hinchada en la proa, y le armé el motor. Comprobé que había gasolina y la cargué con la escota del bomber y un cabo de fondeo de unos 20 metros. Anudé el cabo de fondeo por mitad y lo empalmé a la escota. Cogí el VHF portátil y aún dejando mi barco solo, a sotavento del siniestrado, me alejé hacia el.
-Hola, soy A. Coge la radio y vete a la proa.
-Ok.,
Me fui a su proa y le fui dando el cabo de amarre doble, un cote en cada cornamusa. Mientras el patrón del Calypso trincaba el cabo de remolque, di la vuelta y observé los daños. Efectivamente la punta del palo rota estaba ya encastrada en el casco y era cuestión de poco tiempo que acabase por hacer un agujero.
Regresé al l'Aila con el cabo-escota y enganché con un grillete la cadena del ancla de respeto, de cuyo arganeo la había liberado, al cabo de fondeo, y a su vez, por el otro lado a la escota, de manera que la cadena quedase entre el cabo y la escota. Con las amarras de muelle trincadas en las cornamusas de popa del l'Aila, a modo de pata de oca, até sus cotes libres a la escota de remolque. En total, calculé que habia un remolque de: 10 metros de cabo+10 metros de cadena+30 metros de escota de 10 mm.+6 metros de amarra con muelles. 56 metros. ¿Aguantaría?. Yo crei que si y en todo caso, los muelles amortiguarían el tiro y la cadena haría de catenaria para amortiguar más.
Una vez configurado el cabo de remolque, cogí la mola “professional” con broca de pilas que llevo en el barco y me dirigí de nuevo en la Zodiac al Calypso.
-Hola, permiso para subir a bordo.
Y por su estribor, no sin cierta dificultad, después de amarrar la zodiac me embarqué. Por el tambucho sobresalían 3 cabecitas que me observaban con cara de este quien es.
Comprobé que las amarras que le había dado estaban bien trincadas y despejando el velamen fui con Pierre -que así se llamaba el patrón francés-, soltando escotas y todo lo que se podía soltar a mano. Le indique a los niños que fuesen recogiendo el velamen hacia dentro del tambucho.
Y empezamos a cortar jarcia. La mola echaba chispas pero cortaba el cable. Primero lo que debió haber sido el back-stay, con lo cual rápidamente se sumergió uno de los trozos del palo, sin duda la parte más alta-, llevándose consigo el stay, y las crucetas. Ahora había que serrar todos los obenques por la parte más cercana a los terminales. Aquello había que despejarlo como fuese, echando al fondo todo aquel montón de ferralla. Finalmente, quedaba una driza que seguramente era la que se había liado a la hélice. La corté desde popa. La botavara y el enrollador (sin estay) los pudimos salvar y dejarla a bordo en la banda.
Por fin libres. Los “enfants” habían recogido la mayor y el génova y los habían doblado. Buenos grumetes, si señor. En el interior del barco había “cierto orden”.
Ahora tocaba ver cual era realmente la situación. Pierre me explicó que, contrariamente a lo que yo pensaba, su rumbo era el mismo que el mio, iba con mayor y génova amurado a babor, pero escuchó el “clang” de la rotura del obenque de esa banda y rápidamente intentó trasluchar, pero lo único que consiguió fue acuartelar el foque y hacer caer por la banda de babor el palo y toda la jarcia, de ahí que todo el velamen estuviese sobre cubierta. El susto fué morrocotudo.
Le pedí a Pierre que encendiese el motor. El barco era un Doufor de 28 pies, veterano pero en aparente buen estado. Sin palo y sin jarcia parecía una menorquina pequeña. La máquina se puso en marcha sin problemas, entonces le di atrás poca, para ver si era posible deshacer el lio que bloqueaba la hélice, ahora que estaba libre la driza que lo provocó. Y asi fue, teníamos propulsión. El “chorrito” de agua apareció por la banda. Con la pala del timón sucedió exactamente igual, al quedar libre de cables y drizas, el timón respondía. Aparentemente, donde teníamos un velero, ahora teníamos una motora, pero era un barco que podía gobernarse. Jacqueline que era el nombre de la esposa del patrón, me explicó que los niños eran sus nietos. Habían venido desde la Camargue donde tenían su puerto base, habían cruzado hacia Córcega y pretendían cruzar hasta Roma, para desde allí iniciar el regreso, costeando el Tirreno y la Liguria.
Sin duda eran gente de mar, pero sin muchos recursos, y ese hecho no está muy de acuerdo con la conservación de un barco, que desgraciadamente tiene un coste si se quiere mantener en condiciones, y la jarcia tiene una vida útil limitada. En aquel barco, la había sobrepasado con creces.
Viendo que con sus propios medios podían continuar la marcha, y después de cerciorarme de que tenían suficiente gas-oil, acordamos deshacer el cabo de remolque y que continuarían por sus propios medios, aunque les dejaría la radio portátil y me mantendría a distancia de radio para poder comunicar cualquier incidencia.
Y así lo hicimos, volví al l'Aila y empecé a trabajar la maniobra de deshacer todo el tinglado del remolque, que solo había servido para mantener juntos los barcos.
Alcé la vista y vi como desde el Calypso se despedían de mi los grumetes.
Afortunadamente no era necesario remolcarlos. De momento...
Una vez recogido todo, abrí el génova y comprobé la velocidad a la que el Calypso andaba. Unos 5 nudos. Fui enrollando génova hasta que conseguí mantener esa velocidad a poca distancia del Calypso. Eran las 16:00 y nos quedaban casi 60 millas por la proa. Paciencia.
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