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Predeterminado Re: Relato Marinero 2ª parte



Al amanecer teníamos por babor el Cabo Spartivento, atrás había quedado Sicilia y ascendíamos el talón de la bota itálica. Estábamos en el Mar Jónico.

Mientras desayunábamos abrigando nuestras manos con un reconfortante café, reuní a toda la tripulación. Hubo alguna leve protesta de la guardia saliente (Sara y Robert), porqué se retrasaba su hora de sueño, pero enseguida comprendieron el sentido de mi convocatoria. Con voz grave pero segura les dije:

-En las próximas horas vamos a disfrutar de un meteorología bastante favorable, el viento del Sur se ha establecido y nos permitirá navegar a un largo con muy buena velocidad, pero eso no debe apartarnos de lo que se nos viene encima. El último boletín de meteo.it da aviso de temporal en el Jónico a partir de las 12:00 UTC. Tenemos tres opciones:

-Opción A, dar media vuelta y refugiarnos en Salina Joliche, y a verlas venir.

-Opción B, continuar a run rumbo NNE hacia cabo Colonne y de allí hasta Sta. Maria de Leuca.

-Opción C continuar a rumbo directo hacia Kerkira, afrontando el temporal.

Las 3 opciones tienen pros y contras. Lo que si es cierto es que la previsión meteo italiana es bastante fiable. Como anécdota diré que en Italia lo que seria la AEMET española, es directamente el ejercito del Aire (no es infrecuente que el “hombre del tiempo” que aparece en la RAi vaya vestido con el uniforme militar, luciendo las alas en bocamangas y solapas).
En mi opinión la opción B que aparentemente seria la más lógica, encierra peligros que los libros de navegación más reconocidos mencionan, por la intensidad del mar en la cercanía de la costa y la aparición de vientos cruzados, cuando el temporal es del 1r. Y 2º Cuadrantes.
En contrapartida, la opción C nos da un margen para amarinar el barco ganando N y un mejor ángulo para poder capear después.

Sorprendentemente para mi, todos unánimemente respaldaron mi opinión, aunque cada uno desde su esfera de experiencia y conocimientos. Así Robert y Ernest aportaron -desde sus estudios de Náutica-, la capacidad del velero para resistir capeando. Mientras que Sara y Laura abogaron fervientemente por alejarnos de la costa, narrándonos espantosas experiencias de la “Costa da Morte”.

Ante una unanimidad tan clara y sólida, la opción C fue aprobada por aclamación, planteando Robert algunas dudas sobre la mejor manera de amarinar el barco. Este catalán de pro había estado estudiando en los pocos días que navegaba en el l'Aila, algunos defectos de “concepto” que debíamos rectificar. Y señaló 2 cosas que teníamos que resolver. La primera era la ubicación de las balsas salvavidas, estibadas en cubierta bajo la botavara, donde a su juicio podían ser barridas por el oleaje. Esta estiba, en navegación de cabotaje podía ser valida, pero era débil en el alta mar. Había que reubicar las balsas. La otra sugerencia que hacia Ernest era la de desmontar la capota antirociones. Si capeábamos el temporal, las olas barrerían la cubierta, y de la misma manera que podían llevarse las balsas salvavidas, la capota era un obstáculo, más que una protección. Cubierta libre aunque fuese más incómoda.
Hostia con el Robert, me pareció -nos pareció- muy sensata su opinión.

Continuando con los elementos de seguridad, repasamos las lineas de vida a fondo, centímetro a centímetro, buscando puntos débiles. Le dimos el aprobado. Así continuamos con los aros salvavidas, las bengalas, las radios portátiles -que comprobamos-, etc.

Cavilando, cavilando, decidimos donde ubicar las balsas salvavidas, cuyo destino finalmente fueron los cofres de bañera -una en cada cofre-, que hubo que vaciar de todos los “trastos” alli almacenados.

Mientras la guardia navegaba el barco a una muy buena velocidad (8-9 knts), a un rumbo NE un poco más al Norte del rumbo directo, el resto nos concentramos en la tarea de “amarinar”, palabra esta que frecuentemente utilizamos, pero muy pocas con todo el alcance de su contenido.

Después de repasar la estiba “exterior”, pasamos a la interior. A Ernest le encomendamos la “tarea” de sellar las panas con cola de contacto. No se nos ocurrió un sistema menos agresivo -en comparación del otro sistema más tradicional de clavetear y agujerear-, y a la vez seguro, con los recursos de a bordo -disponía de 2 botes grandes que daban suficiente cola para todas las panas-. Nos daría trabajo “desencolar”, pero dejamos unas pequeñas “palancas” para poder tirar de ellas cuando ya no fuese necesario ese sellado. La importancia del encolado era consecuencia de la alta probabilidad de volcado y del daño que las panas “sueltas” podían hacer en el techo de la cabina, tambuchos etc. Lo que si claveteamos fueron unas cinchas a las literas de popa donde podernos atar en caso de tener que recurrir a esta forma de “descansar” en los camarotes. Dispusimos también cabos de “transporte” a lo largo y ancho de la cabina, donde podernos aferrar para andar por el interior de la misma.

Luego aseguramos los cierres de todos los armarios y cubrimos con una red claveteada toda la biblioteca. Y así con cantidad de pequeños detalles intentando que todo quedase trincado y bien trincado.

A las 11:00 UTC la mar estaba formada de componente S. Las olas eran de una altura aproximada de 3-4 metros, pero el barco, con génova medio enrollado y mayor con 2 rizos, andaba muy bien con las escotas adelantadas y bastante sueltas. La velocidad sobre el fondo se acercaba a los 10 nudos. La VHF y el Navtex, casi simultáneamente comenzaron a escupir el aviso de temporal. Por la musicalidad característica del italiano, el “aviso” parecía menos grave, aunque cuando fue sustituido por el inglés, la “música” desapareció y el contenido técnico tomó la relevancia que merecía.
Pronto aparecieron en el radar las primeras manchas de “carmin”. Nos acercábamos a un primer frente de chubascos que abarcaba toda la corona de las 12 millas por el lado de estribor. Dos mercantes nos habían cruzado por la proa, en dirección al Golfo de Taranto.

Almorzamos copiosamente y ya con los chalecos y arneses puestos Laura propuso lanzar 2 cabos largos por la popa atangallados a las cornamusas de cada banda, su “función” seriá la de permitir un punto de agarre ante un posible “hombre al agua”. Nos pareció acertada la sugerencia y dispusimos además unos nudos cada 2-3 metros para faciltar el agarre al posible naúfrago. Los cabos eran de nylon, lo que permitía su flotabilidad e impedía un posible lío en hélice etc.

A las 11:30 el viento del S comenzó a perder intensidad, no asi el oleaje, pero la velocidad del barco disminuyó, por lo que alguna ola nos invadía por la popa, inundando la bañera. Pusimos en marcha el Yammar para dar velocidad, mientras arriábamos la mayor y la trincábamos junto a la botavara sobre la cubierta al lado de babor sobre la cabina.

El piloto automático de momento, mantenía el rumbo, pero cada vez trabajaba más para hacerlo.

Empezamos a ver relámpagos a estribor pero no escuchábamos ningún trueno.

Continuamos navegando, aunque cierta inquietud nos embargaba.

Daba comienzo el baile.

Continuará
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