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Predeterminado Re: Relato Marinero 2ª parte



El viento continuaba soplando a no menos de 35 nudos, y la mar era confusa, aunque las olas se sucedían con menor altura, pero batiendo toda la cubierta, dando al barco el aspecto de un submarino que comienza la inmersión.
En el interior del l'Aila, la gente estaba bien, Robert tenia una brecha en la cabeza pero no sangraba. El mamparo que separaba los camarotes de popa estaba partido como consecuencia del golpe y algunas panas del camarote de proa habían saltado -la cola de contacto no aguanto los pantocazos-.
Todo estaba húmedo y una de las bombas de achique automáticas funcionaba a todo trapo, porque habia entrado agua por algunas juntas de los tambuchos y las tazas de los waters estaban vacias... Comprobé la bocina y estaba seca. Arranqué el generador para recargar baterias y comprobar su funcionamiento. Ok, daba electricidad. El barco podia navegar.

Tocaba comunicar el final de nuestro” medé “, por lo que volví a cubierta y utilizando la icom exterior que tiene las antenas en los candeleros, me dispuse a dar la novedad al carguero que nos buscaba.
Al volverme para cerrar el tambucho, lo vi. Era el portacontenedores P______________Estaba apenas a 1 milla de nosotros por el través de babor. Probablemente era uno de los cargos que se dirigia a Taranto. Habia virado 180 grados para buscarnos. Es la solidaridad de la gente del mar.

Aunque creo que el procedimiento que se utilizó en mi barco para lanzar el Medé no fue el correcto -pues solo puede lanzarse un Medé cuando lo ordena el capitán-, con un vuelco y la guardia colgando de los arneses, era comprensible que en medio de la confusión desde el interior se hubiese pulsado el botoncito rojo y emitido el mensaje de naufragio.

Rápidamente cogi el micro y por el Ch 16 comencé a hablar:

-Motor vessel P__________Motor vessel P___________I am Capitain of sail yatch L'Aila, Finish Medé. Finish Medé. The medé situatión ended. No injuries. No breakdowns. Over.

-L'Aila, l'Aila, de P______________ok Medé finish. No injuries. No breakdowns. Over.

P___________i am L'Aila, tank you very much. Close.

Y a los pocos segundos el buque P________ viró 180 º haciendo sonar sus sirenas.

Con el generador cargando las baterías, teníamos aseguradas bastantes cosas, aunque la averia del plotter y del anemómetro nos obligaban a utilizar otros medios de posicionamiento. Rescaté un GPS antiguo de mano que tenia en la mesa de cartas -después de quitar las sargentas que la trincaban- y le di al "on". Sobre la carta situé la posición por estima mientras se conectaban los satélites del cacharro. Por fin el Garmin dió la posición, estábamos a 3 millas al W de donde estimaba, el abatimiento había sido importante. Lo malo es que nuestra proa apuntaba a Taranto, y no a Corfú, hasta donde nos quedaban más de 130 millas.

El movimiento del barco era lento (5 nudos) pero la escora y el balanceo eran importantes. Y ello hacia dificil permanecer de pié en la camareta, por lo que rápidamente todos se aventuraron a salir a cubierta.

Nada más salir, Robert y Sara decidieron volver a bajar, faltaba una hora para su guardia y el panorama “exterior” no les convenció.
Ernest se quedó sentado encima de la balsa, preguntándose que hacia alli aquel maletón. Le explicamos por encima lo sucedido...aunque mantener una conversación era imposible.
Asi que Laura y Ernest también bajaron hacia el interior y de nuevo me quedé solo.

Desaté el timón e intenté ceñir. Necesitaba ganar W para no ser arrastrado por la borrasca. Lo más que podia hacer era mantener un rumbo N, a 45 grados del viento, aunque a ese rumbo, el barco apenas avanzaba 4 nudos.

Algo que sorprende cuando se navega en un temporal es "el sonido ambiente", como dicen los locutores deportivos.
Es brutal, el viento maúlla como un gato herido, y los pantocazos, y la mar que desplaza el barco, hacen que éste parezca más un vagón de metro antiguo. Es imposible hablar con alguien que esté a más de un pié, aún gritando.

Aunque me había puesto unas gafas de repuesto, -que siempre llevo-, la visibilidad era muy reducida. Me escocia todo el cuerpo por el roce de la sal en las partes interiores al secarse el agua, y los pies -a pesar de ir calzado con escarpines de mal tiempo-, siempre estaban mojados. El agua en la bañera no bajaba de los 5 cm. aún con el portillo de popa abierto de par en par.
La sensación de soledad en ese contexto es mayúscula. La resistencia va menguando poco a poco. Primero te sientas, luego te recuestas y si no haces un esfuerzo claro, acabas sucumbiendo a un sueño del que no sabes si despertarás.
Entonces tus pensamientos siempre apuntan al mismo sitio: quien co.. me manda a mi meterme en este berenjenal etc.

Sorpresivamente, el tambucho se abrió y apareció Laura con un pequeño termo en el bolsillo del traje de aguas. Después de la maniobra de cierre del tambucho y de trincar su arnés, me indicó que me acercase a ella con un dedo indice sugerente. ¿ quien se podía negar?

Conecté el piloto automático y tras unos breves segundos en que comprobé su funcionamiento, me acerqué a ella y le tomé el vaso que me ofrecía. Sentados en el suelo de la bañera, bebí aquel caldo caliente que me supo a gloria. Al menos el primer sorbo que di, pues el segundo ya no era caldo. El vaso se había llenado de agua salada...Lo vacié y Laura me volvió a llenar el vaso, del que bebí rápidamente.
Mi cuerpo se reconfortó, pero un brusco movimiento me arrojó sobre ella, derramando el resto del caldo cuyo rastro se desaguó por la bañera.

Nuestros cuerpos estaban muy apretados. Mejor dicho, nuestros chalecos, arneses y trajes estaban muy apretados. Pero áun asi podia verla: Su cara era como una Luna llena y sus cabellos negros se escapaban de la capucha y jugueteaban en torno a su rostro, movidos por el viento. Unas gotas de agua clara se desparramaban por la punta de su nariz y sus ojos grandes, eternos como soles, se ampliaban dibujando una sonrisa. Acercando mi mejilla a la suya, le susurré al oído -aunque gritando-:
-Gracias por estar aquí y por tu caldo.
Ella me agarró la cabeza con sus manos, me quitó las gafas y me dijo:
-Es que quiero verte.
-¿Sólo verme? -le inquirí maliciosamente-.
-Te voy a comer a besos -me respondió-.
Y abrió su boca y me sorbió.


Cuando compartes con alguien momentos duros, te sientes muy unido a esa persona. Pero con Laura no solamente era eso, había un entendimiento profundo en nuestras miradas, en nuestros gestos. Era una complicidad establecida sin pre-aviso, sin planificación.

Y si, me parecía increíble estar allí, en medio del Jónico, vapuleados por una castaña ciclónica, mojados hasta las vísceras y experimentando sensaciones que me parecían lejanas o hasta desconocidas, aunque deseadas hasta en lo más profundo de mi ser. Era feliz, si alguien puede definirse así.

Con ese estado de ánimo, comprenderá el lector que mi autoestima subió como los indices de audiencia en la TV2 retransmitiendo un Barça-Madrid.
Verdaderamente me hacia falta esa dosis que Laura me propinó y henchido y satisfecho volví a la timonera.

El piloto gobernaba bien, pero la mar de viento por la amura de estribor iba en aumento. La mar de fondo, seguía obsequiándonos con olas altas y gruesas por babor, como pequeñas colinas que incrementaban el balanceo del barco peligrosamente.

Sin anemómetro era dificil saber la intensidad del viento, pero me pareció apreciar un cierto role, pues el barco navegaba casi a su través, con más escora hacia babor y dando 6 nudos de velocidad sobre el agua. Metí 10 grados a estribor. Mentalmente recompuse la carta y a ese nuevo rumbo, estábamos aproando a Sta. Maria de Leuca, población más oriental de la Italia. A ese nuevo rumbo, el barco no aumentó velocidad, pero se recostó más disminuyendo el balanceo.

Eran las 18:00 y apenas nos quedaban 3 horas de luz, así que dejando a Laura en la bañera, bajé a la camareta y pedi el relevo de la guardia a Sara y los demás, hasta que se hiciese de noche, hora en que volveria a mi puesto.

En pocos minutos se atrincheraron en sus chalecos, arneses, trajes de agua, gorros, botas, guantes, luces frontales etc. y se dispusieron a relevarnos a Laura y a mi.

Señalé a los entrantes el rumbo que manteniamos, repasé con ellos el funcionamiento del piloto, echamos un vistazo a escotas y drizas, apagué el generador y cogí a Laura de la mano y la arrastré conmigo escaleras abajo ¿o me arrastró ella?.

La campana del l'Aila volvió a repicar. ding ding ding dingdingdingding.

Todo nuestro atuendo quedó en el suelo del camarote, cual Everest de ropa usada, y nuestros cuerpos desnudos se buscaron y se encontraron.

Continuará
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