Re: Si lo sé no vengo ( pifias y chorradas en la historial naval)
De nuevo muchos para tod@s.
Vamos a otro Si lo sé no vengo.
Incluso a los a los que no les guste la historia les sonará el nombre de Solimán el Magnífico. Fue un califa con una gran astucia que supo sacar provecho de un occidente ensangrentado por guerras de religión y ambiciones personales.
Lo de su apodo de "El Magnífico", que le pusieron los europeos, le viene al pelo, porque además de gran guerrero, gobernador y legislador ,Solimán era culto. Además del turco, hablaba árabe, persa e italiano. Dedicaba mucho tiempo a leer. Amaba la música y le gustaba la astronomía, las matemáticas y la historia.
Bajo su mando, el imperio otomano se convirtió en la primera potencia mundial porque además de poseer las principales centros musulmanes (La Meca, Medina, Jerusalén, Damasco y Bagdad) y la mayor parte del norte de África, con su potencia militar sin rival puso bajo su control los Balcanes llegando sus fronteras hasta la actual Austria, Anatolia y Siria.

Tanto respeto le tenían que se mantuvo la ficción de que seguía vivo. Lo embalsamaron y lo sentaron en el trono donde se le recitaba diariamente los informes oficiales.
La historia terminó cuando su hijo, su gran fracaso, tomó el trono.
Como Selin II se le conoce al personaje y no le llegaba ni siquiera a punta del pié a su padre o su abuelo Suleyman Selim I pero se convirtió en sultán del Imperio Otomano cuando estaba en el cenit de su poder y de su gloria cuando a este personaje le importaba un pepino los temas del gobierno, las guerras o la política.
Lo que más le gustaba, y a esto se dedicó con empeño, fueron las orgias sexuales y el abuso del alcohol, por otra parte prohibido por el islam, pero que a él no le importaba ya que se pasaba los días borracho perdido encerrado en el harén entre sus favoritas.
Tenía el plus de que era rubio, el único sultán rubio de la historia, y guapo como su madre por lo que lo tenía todavía más fácil para estar sólo pendiente del placer a su persona.
En el palacio de Topkapi, donde se instaló, organizaba unas bacanales monstruosas con toda clase de vinos y mujeres que asustaban a los imanes y muftíes que invocaban a Alá para que retirara al sultán de esta negación.
Pero el sultán seguía a lo suyo a la compra de nuevos objetos sexuales para su harén o a emborracharse con la presentación de un nuevo vino que no conocía por lo que pasará a la historia con el apodo de "El borracho"... ¡Vaya diferencia con el del padre!.

Bajo el padre, el Imperio Otomano alcanzó su cenit. Bajo el borrachuzo de su hijo, el Imperio comenzó un largo y lento declive. Digo lento porque en un momento de lucidez el sultán dejó ,afortunadamente, los asuntos del imperio en manos del competente gran visir Mehmed Sokollu que fue el que controló la mayor parte de los asuntos estatales y así se encargó de renovar pactos con Francia o con la República de Venecia, al mismo tiempo que concluyó una paz duradera con el zar Iván IV y se convirtió realmente en el líder, mientras el que debía ser flotaba entre vapores alcohólicos.
En una de esas dionisíacas sesiones, un comparsa asesor, (algunos dicen que fue el afincado español Jose Nasí que para eso de asesores aquí sí que tenemos arte) le preguntó al sultán cual era su vino favorito. El de Chipre, contestó Selin, pues era capaz de beberse un botellón de ese vino sin respirar siquiera. Pues, concluyó el acólito, ¿Porqué no conquistáis esa isla para nunca quedaros sin provisión de este vino?
Cuando el sultán fue con este cuento al gran visir se le pusieron los pelos de punta y se echó las manos a la cabeza. Chipre estaba en poder de la República Veneciana desde 1498 y tenían firmado con ellos un tratado político muy beneficioso. Romperlo por una isla sin importancia estratégica era una temeridad porque se echaría por tierra años de trabajo y rompería el estable equilibrio entre las potencias.
Selim, que había cambiado de carácter y ahora cuando estaba borracho formaba unos escándalos de no te menees, entró en cólera y preso de la ira pidió que derogasen el tratado que había estado en vigor y ordenó inmediatamente la conquista de Chipre con una fuerza nunca vista pero eso sí, cómo siempre ,nunca dirigiría sus tropas en la batalla como sus antecesores ya que era más interesante quedarse para seguir con sus placenteras orgías.
En la primavera de 1570 la fuerza invasora ya estaba formada. Sería sobrecogedor verla zarpar porque eran en principio más de 150 galeras,12 fustas más los barcos de transporte para los bastimentos ,aparatos de guerra y los 100.000 soldados.
Pese al número no fue tan fácil conquistar la isla porque encontraron gran resistencia sobre todo en las fortalezas de Nicosia y Famagusta que les enseñaron los dientes tras sus murallas hasta que entraron a sangre y fuego saqueando todo lo que se les ponía por delante.
Todo esto dio tiempo a que Venecia pidiera ayuda a las fuerzas cristianas que se van concentrando en la isla de Candia (Creta) formando lo que se denominó la Santa Liga.
Entre pitos y flautas fondearon 228 galeras,6 galeazas y 26 navíos al mando del jovencísimo Juan de Austria, hermanastro ilegítimo del rey Felipe II , pero que estaba bien arropado por los competentes Alejandro Farnesio, Álvaro de Bazán, Luis de Requesens y Juan Andrea Doria.
Los turcos tan poco se quedaron mancos pues habían reunido 210 galeras, 42 galeotas y 21 fustas al mando del temible Alí Pachá.

Jugaron al ratón y al gato hasta que en el amanecer del 7 de octubre de 1561 ambas escuadras se enfrentaron en el golfo de Lepanto situado en Grecia.
Fue una de las batallas más grandes en la historia de la humanidad ya que estaban combatiendo lo más granado de las flotas de dos civilizaciones; una emergente y otra consolidada.
No hablaré más de esta famosa batalla naval sólo diré que perdieron los turcos por goleada ya que se contabiliza la pérdida de 12 galeras cristianas, aunque luego ascendieron a 40 por los graves daños sufridos y la muerte de 7.680 hombres, de los que 2.000 eran españoles, 4.800 venecianos y 880 de la Santa Sede, sin embargo los turcos perdieron entre hundidas y apresadas 190 galeras y 20 galeotas. Murieron en el combate unos 30.000 , se hicieron 5.000 prisioneros y se liberó a 12.000 cautivos cristianos.
Este fue el precio que pagó Selin II por la isla, o sea casi toda su flota, pero a él no le importó pues se limitó a decir después de conocer estas cifras : Me han rapado las barbas, ya crecerán con más fuerza.
Tres años más tarde tuvo la mala idea de organizar una bacanal en sus baños. Se bebieron hasta el agua de los floreros y cuando se levantó en busca de una botella llena se resbaló sobre el mármol mojado y en la caída se golpeó en la cabeza tan bruscamente que murió en el acto.
Y es que en esas épocas ya lo decía Juan Ruiz de Alarcón en su obra :
Quien mal anda en mal acaba.
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Editado por anboro en 06-04-2015 a las 21:28.
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