Después de 25 años viviendo a 125 km de mi barco, asegurarme de tener buen tiempo para salir antes de emprender el viajecillo se ha convertido para mi en una obsesión. 250 km para nada son un desastre económico y anímico.
Esto unido a que los deberes familiares y laborales reducen mucho los días disponibles, me ha llevado a razonar de la siguiente forma: si puedo salir y la meteo no acompaña, me resisgno y lo encajo con buen ánimo. Si hace buen tiempo y no puedo salir, ésto sí que es para desesperarse y para jurar en arameo.
En definitiva, no me cabreo ni me desanimo si no puedo navegar por factores que no puedo controlar.
