En latitudes como las del norte de España, más en concreto en Galicia, lo que he notado es que las estaciones empiezan a difuminarse. La naturaleza de esta volviendo loca, se puede ver en especies que han dejado de migrar o en las floraciones de las plantas.
También he notado que las campañas ambientales han pasado a un segundo plano con la disculpa de la crisis.
Incluso el medioambiente ha pasado a ser un enorme y suculento negocio mafioso. Digo mafioso, porque las cantidades que se manejan sin montruosas y la corrupción otro tanto. Por ejemplo la estafa más grande que están investigando las fiscalías tienen que ver con el dinero desviado del reciclaje de los CFC o gases destructores de la capa de a ozono que contienen las neveras.
Pagamos cuando compramos un frigorífico nuevo. También pagamos cuando a través de los impuestos se construyen plantas enormes para reciclar los aparatos retirados. Sin embargo las plantas están vacías y del dinero que se recauda para reciclar, cientos de millones de euros están en cuentas en suiza,
Pero todavía hay más negocio, porque el producto sin captar los CFC se valoriza en chatarrerías en simples trituradoras.
La disculpa de los que mandan es ...¿ cómo vamos a cerrar empresas con la ciris que hay? Entonces... ¿ para que cobran otros por captar CFC si no van a empezar ese dinero en hacer las cosas bien y lo desvían para cobrar por la puerta de atrás?
Otro tanto ocurre con los neumáticos. También pagamos para que se reciclen, pero sólo se acumulan en enormes montañas que después se abandonan porque el gestor dice que se arruina y el problemon nos queda a todos para que lo arreglemos con los impuestos.
Los que son de Madrid saben lo que digo cuando miran esa montaña enorme que se ubica entre el aeropuerto y Seseña.
Todo esto me sugiere que cuando se cuenta la verdad, una verdad molesta, siempre ocurre que los que antes la ocultaban, pasan a ser millonarios gracias a las medidas que se toman por culpa de la presión de la gente.
Todos pagamos más por los productos medioambientalmente responsables, pero los que tienen que gestionar todo ese dinero, se lo meten en el bolsillo o debajo de la alfombra desviándolo al tercer mundo para contaminar los acuíferos y que la gente ni siquiera tenga agua potable.
Pero lo más gracioso es lo que hacemos con la contaminación industrial, con las aguas altamente tóxicas que retiran los gestores de la industria una vez concentrados, simplemente se trasladan al mar y se vierten después de disolverlo otra vez. Disponemos de la tecnológica pero estamos en la técnica de la bacenilla.
Creo que tenemos el conocimiento para aliviar nuestro impacto ambiental y conseguir una huella hídrica o de carbono cero, pero me temo que nos falta un gobierno global y arrestos para meter en la cárcel para siempre a los que se enriquecen a costa del futuro del planeta.
Me da igual si dicen la verdad o no, no hace falta ser muy listo para ver lo que ocurre, sólo hay que leer, ver e interpretar con un poco se sentido común,
Los problemas ambientales son a largo plazo y la temporalidad de los ciclos políticos, impide que se prioricen porque para conseguir el poder, hay que darle al pueblo lo que quiere y a la gente le interesan otras cosas de consecuencias más inmediatas. Por otra parte, son globales - la contaminación rsdioactiva de Fucishima llego al cantábrico en apenas cuatro semanas y para afrontar un problema global disponemos de gobiernos títeres fragmentados reinos de taifas,sátrapas o dictadores corruptos, cuando no estados fallidos que cualquier multinacional de medio pelo, pone a bailar a su ritmo.
Mi intuición, - no tengo ningún dato para afirmarlo rotundamente - es que no hay ninguna conspiración, justo lo contrario: hay un montón de oportunistas sacando partido del caos, gobiernos que entran en contradicciones porque para desarrollar sí programa político tienen que conquistar primero el poder y para alcanzarlo, es mejor montar la fiesta del pollo que hacer pensar a la gente, esos mismos que nos va la marcha y preferimos reírnos y seguir tocando y bailando como si no pasara Nada, como hacían los de la orquesta del Titanic
